Roma, 5 de diciembre de 2016.

P. Julio Daniel Arváez cmf

Equipo de pastoral de jóvenes reunido en Nicaragua

Estimados hermanos y hermanas:

Reciban ustedes un cordial saludo desde Roma donde Dios me ha traído en este servicio misionero que profesamos.

Les escribo para manifestarles la cercanía del Gobierno General de los misioneros claretianos y el agradecimiento por la labor cotidiana que todos y cada una de ustedes desempeñan entre los jóvenes. Sin el pequeño aporte diario para que llegue a todos la vida que Jesús nos ofrece, todo sería esfuerzo inútil y sobreactuación. La vida que compartimos en la sencillez del día a día es lo que nos prepara a los momentos extraordinarios y nos permite ver en ellos las nuevas oportunidades que Dios nos ofrece.

De esta manera comprendemos las Jornadas Mundiales de la Juventud que celebramos en distintas partes del mundo. Son una oportunidad de Dios para que los y las jóvenes de nuestras comunidades en Jesús encuentren vida y más vida para sus vidas; una nueva llamada con la cual el Padre nos invita a su servicio. El camino de comunión y de trabajo, de oración, diálogo y discernimiento que están comenzando ustedes ahora es también para nosotros una nueva oportunidad.

Nos ha sido confiado un fuego… el fuego del evangelio, el fuego del carisma claretiano: “Vine a echar fuego sobre la tierra y cómo quisiera que ya ardiese” dice Jesús en Lc 12, 19 en un contexto en el cual Lucas nos invita a hablar con libertad y sin temor sobre lo que es verdaderamente importante en nuestro discipulado. El evangelio de Jesús está llamado a ser la única riqueza de nuestras vidas y es todo lo que podemos ofrecer a los demás. Es el fuego de Jesús que arde en nuestros corazones el que nos hace atentos a los signos de este tiempo y nos mantiene en vigilia mientras esperamos su regreso. A la luz del evangelio nos reconocemos hermanos y hermanas en camino, al calor de su palabra se encienden nuestros corazones, en la misión que compartimos se templa nuestro espíritu tras las huellas de Jesús… en salida… al encuentro de quienes habitan las periferias sociales y existenciales de nuestros pueblos y ciudades.

En estas últimas semanas, y en vista de esta próxima reunión que están viviendo, me he comunicado personalmente con casi todas las ramas de la familia claretiana (esta tarde me encuentro con la Madre Pilar Rovira de las Misioneras de la Institución Claretiana y tengo aún pendiente una comunicación con la Hna. Josefa Tuku Babasasa, superiora general de las Misioneras de María Inmaculada). Del resto, los gobiernos generales de las Religiosas de María Inmaculada, los Seglares Claretianos, las hermanas de Filiación Cordimariana, las Misioneras Cordimarianas y las de San Antonio María Claret y nosotros, los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, estamos dispuestos a trabajar juntos en la organización y puesta en marcha del encuentro claretiano para jóvenes previo a la celebración de la próxima jornada mundial de la juventud que se llevará a cabo en Panamá, el año 2019.

El desafío que tenemos por delante es grande; pero el amor que nos mueve en el servicio misionero es aún más grande y, por eso, lo aceptamos con entereza. El camino es largo y no faltarán las incomprensiones o actitudes que nos hagan dudar. Trabajar con otras personas es siempre más difícil porque no siempre estamos acostumbrados o acostumbradas a hacerlo. Pensar con otros nos hace ensanchar la mirada y el corazón, nos hace incluir otras perspectivas en nuestro modo de ser y de llevar adelante la misión; es un paso adelante en la perspectiva de la conversión pastoral a la cual la iglesia nos llama.

Si me permiten alguna sugerencia que pueda ayudarles en la tarea, les propondría que se centren en las cosas que nos hacen crecer en comunión y dejen de lado las diferencias que seguramente existen; es más importante lo primero. Mantengan la cordialidad propia del carisma que hemos recibido; las verdades que se dicen sin amor hieren a veces sin remedio. Pónganse objetivos que ayuden a que los jóvenes se encuentren con Jesús; que se reconozcan miembros de una comunidad de discípulos de alcance universal; objetivos que se puedan recordar de memoria, simples, claros, precisos. Alégrense cuando otros y otras se sumen al camino por el cual van andando con nuevas inquietudes y propuestas; disciernan lo que viene de Dios y ayuda a la evangelización de los y las jóvenes. Lleven un registro de los consensos que vayan logrando para que cada encuentro sea una continuación de lo acordado y sirva de memoria para los que vengan después de ustedes en circunstancias parecidas. Atrévanse a hacer propuestas propias! La tentación del copy-paste puede grande pero las experiencias de otros contextos sólo sirven para pensar desde lo propio más genuino. Sean dialogantes entre ustedes y comunicativos/as con los/as demás miembros de nuestras respectivas familias; entusiasmarlos y atraerlas con este tipo de propuestas pastorales suele ser toda una tarea: ¡Ánimo!

Ya el papa Francisco en la Evangelii Gaudium y a propósito de los desafíos de una espiritualidad misionera para la iglesia nos advierte: ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero! ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! ¡No nos dejemos robar la esperanza! ¡No nos dejemos robar la comunidad! ¡No nos dejemos robar el evangelio! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! Tal vez repasar una vez más los números 78 al 109 de esta exhortación apostólica nos ponga en una buena pista para el trabajo.

Los invito y las animo entonces a continuar avanzando en este camino de discipulado que nos hermana en Jeús y crecer en la misión claretiana que nos hace familia en Jesús predicador del Reino.

Dios los bendiga a todos y cada una de ustedes.

In CM,

Hno. Carlos Verga cmf

Prefecto General de Pastoral de Jóvenes y Vocaciones

Misioneros Claretianos