Elaborado por la Red Bíblica Claretiana de MICLA

6 de agosto de 2017

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1. Oración Inicial.

Ven, Espíritu Santo, en ayuda de tus fieles. Danos la paz, la serenidad, la fortaleza en medio de las dificultades. Abre nuestros oídos y nuestro corazón a la Palabra que hoy vamos a meditar, y danos tu luz para comprenderla y hacerla vida. AMÉN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El evangelio de hoy describe la travesía difícil y cansada del mar de Galilea en un barco frágil, empujado por el viento contrario. Jesús pide a sus discípulos que vayan a la otra orilla. En medio de esa tempestad, surgen los temores y las dudas, la falta de fe de Pedro y los otros discípulos, para terminar reconociendo a Jesús como el Hijo de Dios. Abramos nuestros corazones para escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 14, 22-33. Leemos este texto de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros(as) e iluminar nuestra vida. Luego cantamos: “Cristo está conmigo”, nº 61. Leemos otra vez el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto?

  • Cada uno dice el versículo o parte del texto que le llegó más.
  • ¿Qué les manda Jesús a sus discípulos?
  • ¿A dónde fue Jesús después de despedir a la gente? ¿Para qué?
  • ¿Cómo se encontraba la barca?
  • ¿Qué hizo Jesús para llegar a la barca y qué pensaron los discípulos al verlo? ¿Qué les dijo Jesús?
  • ¿Qué dijo Pedro a Jesús? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué hizo y qué le dijo Jesús a Pedro?
  • ¿Qué hicieron y que dijeron los discípulos cuando Jesús sube a la barca?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.)

a. ¿Qué significaba para los discípulos “ir a la otra orilla”? ¿Y qué puede significar para nosotros hoy como Iglesia, como comunidad, como grupo?

b. Jesús necesitaba orar, estar a solas con su Padre Dios, y nos muestra que es necesario orar para mantenernos firmes en la fe y en la entrega a los demás, para descubrir su voluntad. Comentar cómo hacemos nosotros oración y por qué es importante.

c. En tu vida, ¿hubo alguna vez un viento así de contrario? ¿Hubo dudas en tu fe? ¿Cómo y qué hiciste para vencerlo? ¿Y en la comunidad o el grupo? ¿Cómo lo superaron?

d. ¿Cómo reconocer hoy la presencia de Jesús en las olas contrarias de la vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida.

“ ¡Señor, sálvame!”

…¡Hombre de poca fe!, ¿por qué has dudado?”

 5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: Vivir esta semana vestido con la práctica de la justicia y la misericordia.

Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final.

Ven, Padre, en ayuda de nosotros, tus hijos. Derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican. Renueva y fortalece nuestra fe, nuestra vida y nuestro compromiso por el Reino. Protégenos a los que te alabamos como creador y como guía. Que sepamos acudir siempre a tu Hijo, que es un hombre de paz, de corazón humilde, y que en él encontremos descanso y fortaleza, sabiendo cargar con la cruz. AMÉN.

Padre nuestro, que estás en el cielo…


 

PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 14, 22-33

1. Iniciar la travesía a petición de Jesús (Mt 14, 22). Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir al otro lado del mar. La barca simboliza la comunidad. Tiene la misión de dirigirse “al otro lado”, es decir, a los paganos, a los no judíos, para anunciar a ellos también la Buena Nueva del Reino, una nueva forma de vivir en comunidad. A pesar de estar remando toda la noche, se demora, el viento es contrario, falta mucho para llegar a tierra. Faltaba mucho para que las comunidades hiciesen la travesía hacia los paganos. La travesía para el otro lado del lago simboliza también la difícil travesía de las comunidades de Mateo del final del primer siglo. Ellas tenían que salir del de la antigua observancia de la ley, hacia la nueva manera de observar la Ley del amor, enseñada por Jesús; salir de la conciencia de pertenecer al pueblo elegido (judío), para anunciar que en Cristo todos los pueblos (también los paganos) son llamados a la fe para formar un único Pueblo de Dios; salir del aislamiento, de la intolerancia, a un mundo abierto a la fraternidad y la gratuidad. Jesús no fue con los discípulos. Ellos debían aprender a enfrentarse a las dificultades, unidos y fortalecidos por la fe en Jesús, quien los envió.

También nosotros hoy estamos en una travesía difícil para un nuevo tiempo y una nueva manera de ser iglesia. Travesía difícil, pero necesaria. Hay momentos en la vida en que el miedo nos asalta. No falta la buena voluntad, pero no basta. Aún con viento contrario, tenemos que construir una nueva forma de ser Iglesia, volviendo a Jesús, con la valentía y la confianza de que el Espíritu nos guía.

2. Vientos contrarios. El evangelio de hoy describe la travesía difícil y cansada del mar de Galilea en un barco frágil, empujado por el viento contrario. La presencia de Jesús, el anuncio del Reino, provoca reacciones a favor y en contra de Jesús. En Nazaret no fue aceptado (Mt 13,53-58). La gente pobre, sin embargo, reconocía en Jesús el enviado de Dios y le seguía en el desierto, donde ocurrió la multiplicación de los panes (Mt 14,13-21). Después de la multiplicación de los panes, Jesús despide a la multitud y manda a los discípulos a que hagan la travesía descrita en el evangelio de hoy (Mt 14,22-36).

3. “Soy yo, no teman” (Mt 14, 25-27). Jesús se fue al encuentro de los discípulos, andando sobre las aguas, llega cerca de ellos, pero ellos no lo reconocen. Gritan de miedo, pensando que fuese un fantasma. Jesús los calma diciendo: “¡Animo! ¡Soy yo! ¡No teman!” La expresión “¡Soy yo!” es la misma con la que Dios trató de superar el miedo de Moisés cuando le envió para que libertara al pueblo de Egipto (Ex 3,14). Para las comunidades, tanto las de ayer como las de hoy, era y es muy importante escuchar de nuevo: “¡Animo! ¡Soy yo! ¡No temáis!”

4. Entusiasmo y flaqueza de Pedro (Mt 14, 28-31). Sabiendo que es Jesús, Pedro pide poder caminar sobre las aguas. Quiere experimentar el poder que domina la furia del mar. Un poder que, en la Biblia, es exclusivo de Dios (Gén 1,6; Sal 104,6-9). Jesús permite que él participe de ese poder. Pero Pedro siente miedo. Piensa que se hunde y grita: “¡Señor! Sálvame!” Jesús lo asegura y reprende: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” Pedro tiene más fuerza de lo que se imagina, pero tiene miedo ante las olas contrarias y no cree en el poder de Dios que existe en él. Las comunidades, en muchas ocasiones, tampoco creen en la fuerza del Espíritu que existe en ellas, y que actúa mediante la fe. Es la fuerza de la resurrección (Ef 1,19-20).

5. Jesús es el Hijo de Dios (Mt 14, 32-33). Después de salvarse, Pedro y Jesús, entran en la barca y el viento cesa. Los otros discípulos, que estaban en el barco, se quedan maravillados y se arrodillan ante Jesús, reconociendo en él el Hijo de Dios: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”. Más tarde, Pedro también va a profesar la misma fe en Jesús: “Tu eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16). Así, Mateo sugiere que no es sólo Pedro el que sustenta la fe de los discípulos, sino que la fe de los discípulos sustenta la fe Pedro.