Elaborado por la Red Bíblica Claretiana de MICLA

13 de agosto de 2017

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1. Oración Inicial.

Ven, Espíritu Santo Creador. Sé luz para el entendimiento de la Palabra que hoy vamos a escuchar, meditar, orar y contemplar.  AMÉN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: En el texto de hoy Jesús se aleja de Galilea, sobrepasa las fronteras del territorio nacional y recibe a una mujer extranjera que no pertenecía al pueblo judío y con la cual estaba prohibido hablar. Sin embargo aquella mujer extranjera y pobre se hace partícipe del diálogo con Jesús. La insistencia, perseverancia y capacidad para cuestionar son características de su fe. La temática del texto es decisiva para responder a la duda que tenían las comunidades en el tiempo de Mateo de si el anuncio del Reino de Dios y la práctica liberadora de Jesús era solamente para el pueblo judío o es Buena Noticia para toda la humanidad. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 15,21-28. Leemos este texto de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Luego cantamos: “Tu Palabra es luz”, nº 24. Leemos otra vez el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto?

  • Cada uno dice el versículo o parte del texto que le llegó más.
  • ¿Dónde sucede el hecho que narra el texto?
  • Al dirigirse la mujer a Jesús: ¿Cómo lo llama? ¿Qué le pide?
  • ¿Qué hacen los discípulos? ¿Cómo responde Jesús a la petición de sus discípulos?
  • ¿Qué hace entonces la mujer? ¿Qué le dice a Jesús?
  • ¿Cuáles fueron las respuestas de Jesús a la mujer?
  • Finalmente: ¿Qué reconoce Jesús en la mujer y qué acción liberadora realiza en su hija?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y su sentido para nuestra vida.)

 a. Jesús dice que su misión no le permitía el quedarse a escuchar la petición de la mujer. Pero de pronto, Él responde a la petición: ¿cómo se explica este cambio en el comportamiento de Jesús?

b. ¿Puede ser la mujer cananea un modelo para nuestras comunidades, para todas las personas que luchan en favor de la vida y la dignidad de otras personas? ¿Qué nos enseña?

c. Jesús alaba la “fe” de una “extranjera”: ¿Sabemos reconocer y admirar las cosas buenas, los valores del Reino que viven otras personas que no son de nuestra religión, o que son incluso no creyentes?

d. Comentar esta frase: Somos discípulos(as) misioneros(as). La misión no tiene como objetivo “convertir a la gente a nuestra religión”, sino construir el Reino de Dios. Es Misión por el Reino.

e. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida

“¡… qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”

5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: Ser discípulos(as) misioneros(as) por y para el Reino de Dios.

Llevamos una “palabra”.  Pensamos en alguna palabra o versículo que nos acompañe hasta que nos encontremos nuevamente. Recordemos esa “palabra” o versículo cada día de la semana y mientras participamos en nuestros quehaceres diarios, orando con ella.

6. Oración final.

Señor, perdona nuestra falta de fe, comprensión y capacidad de reconocer los signos de tu Reino en personas que no son de nuestra comunidad. Perdónanos por las ocasiones en que no hemos sido capaces de compartir nuestro “pan”, ni siquiera “migajas” de nuestra mesa. Señor, queremos ser discípulos(as) misioneros(as). Ayúdanos a descubrir la presencia del Reino y de la “fe” también en las personas que nos parecen “alejadas” de la Iglesia.     AMÈN.

Padre Nuestro, que estás en el cielo…

 


 

PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 15, 21-28

1. El contexto: En la discusión sobre qué cosas eran puras y qué cosas impuras, Jesús había enseñado lo contrario de la tradición de los antiguos, declarando puro todos los alimentos (Mt 15,1-20). Ahora, en este episodio de la mujer cananea, se aleja de la Galilea, sale del territorio nacional y acoge a una mujer extranjera que no pertenecía al pueblo judío. La mujer era de otra raza y de otra religión, considerada excluida e impura. A los judíos les estaba prohibido entrar en contacto con una persona de otra religión o raza, a los que llamaban paganos. En las comunidades de Mateo existía una oposición a que participaran los no judíos. La justificación estaba en las propias palabras de Jesús: “Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. El evangelista responde aceptando las palabras del Señor, pero señalando, al mismo tiempo, la actitud de acogida a la mujer cananea a causa de su fe. Mateo invita a las comunidades para que acojan a los paganos.

2. El extraño silencio de Jesús y la reacción de los discípulos (15,23-24): La mujer grita, comienza a suplicar por la curación de su hija que estaba poseída de un espíritu inmundo. Pero Jesús no responde. ¡Extraña conducta! No quiere escuchar ¿Por qué? Los discípulos le piden que preste atención a la mujer. Ellos quieren librarse de aquel griterío. Y Jesús explica su silencio: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. El silencio es por la conciencia que Jesús tiene de su misión y por la fidelidad a la ley de Dios. Es como si dijera: “El Padre no quiere que yo oiga a esta mujer, porque Él me ha enviado solamente a las ovejas perdidas de Israel”. Por el mismo motivo, en la época en la que Mateo escribía su evangelio, los fariseos decían: “¡No podemos entrar en contacto con los paganos!

3. Nueva petición de la mujer y nuevo rechazo de Jesús (15,25-26): La mujer no se da por vencida ante el rechazo de Jesús. El amor de madre por la hija enferma no se preocupa de las normas religiosas, ni de las reacciones de los demás, sino que busca la curación allá donde su intuición le hace ver una solución: esto es, ¡en Jesús! Ella se pone más cerca y arrojándose a los pies de Jesús, comienza a suplicar: “¡Señor, ayúdame!” Jesús responde diciendo que no está bien tomar el pan de los hijos y darlos a los perros. En el caso concreto, el pan es el Reino de los Cielos; los hijos serían el pueblo judío y los perros los no judíos, los extranjeros. La mujer está de acuerdo con esta frase de Jesús, y al responder que “es verdad” lo que está haciendo es denunciar la discriminación que sufren los extranjeros, de la que ella y su hija también son víctimas.

4. “Pero también los perritos comen las migajas”: La mujer también sabe que en la casa de los pobres los perros comen las migajas que caen de la mesa, e insiste. La mujer llama a Jesús “Señor” tres veces. Cree en Jesús como Señor y en su poder de curar. Jesús reconoce la iniciativa, fidelidad y perseverancia de ella. Es la única vez que se dice de alguien “grande es tu fe”. En otra ocasión Jesús había dicho a los discípulos “hombres de poca fe” (8,26), y a Pedro le dice “hombre de poca fe” (14,31). La mujer cananea es ejemplo de la fe que agrada a Jesús. Es la madre insistente, llena de fe y esperanza, capaz de dialogar con Jesús. Es modelo de las comunidades cristianas.

5. Encuentros que cambian la vida: Existen encuentros en la vida que transforman la existencia. Lo más seguro es que Jesús nunca olvidó a aquella mujer cananea que le enseñó, que le ayudó a ser solidario, a ser incluyente, a ser tolerante, a rechazar el nacionalismo y la prepotencia. La conducta de aquella mujer pagana ayudó a Jesús a dar un paso importante en el cumplimiento del proyecto del Padre y a entender que el Reino de Dios, don de la vida y de la salvación, es para toda la humanidad, para todas las personas que buscan la vida y se esfuerzan en liberarse de las cadenas de la injusticia y la marginación. Este episodio nos ayuda a percibir algo del misterio que rodeaba la persona de Jesús: cómo estaba en comunión con su Padre y cómo descubría su voluntad en los acontecimientos de la vida. Cada uno de nosotros y de nosotras experimentamos en nuestras vidas esos encuentros, que nos cambian y nos hacen más humanos(as). El ejemplo de esta mujer cananea debe de servirnos para comprender la riqueza de la existencia humana y el valor de la fe, de la firmeza y de la esperanza.