Elaborado por la Red Bíblica Claretiana (REBICLAR) de MICLA

03 de Septiembre de 2017

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1. Oración Inicial.

Señor de la Vida, tu Palabra es la fuente viva. Envía tu Espíritu Santo para acercarnos a ella y comprenderla. Danos también la gracia, la voluntad y el valor necesario para vivirla en nuestras vidas.   AMÉN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: En el texto de hoy Jesús manifiesta que sucederá con Él en Jerusalén. Pedro aparece aquí como una piedra de tropiezo, al contrario que en los versículos anteriores. Jesús lo llama a ponerse detrás de él e insiste que cualquier persona que quiere ser su discípulo(a) debe renunciar a sí mismo, tomar su cruz y seguir su camino. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 16,21-27.

Leemos este texto de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Luego cantamos: “Resurrección”, nº 40 o “Libertador de Nazaret”, nº 165. Leemos otra vez el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto?

  • Cada uno dice el versículo o parte del texto que le llegó más.
  • ¿Qué dice Jesús sobre el futuro que le espera en Jerusalén?
  • ¿Cuál es la reacción de Pedro?
  • ¿Cómo responde Jesús a Pedro?
  • ¿Cuáles son las condiciones que presenta Jesús para seguirle?
  • ¿Cómo recompensará Dios a los seres humanos cuando venga?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.)

  1. ¿También nosotros, como Pedro, le tenemos miedo a la cruz? ¿Por qué? ¿Y la gente?
  2. Jesús tomó la decisión de desatender las palabras de Pedro y seguir con firmeza su camino. ¿En qué situaciones, o respecto a qué desafíos hemos de tomar nosotros con firmeza la decisión de Jesús?
  3. Jesús fue fiel a su misión de comunicar la Buena Noticia del Reino de Dios hasta las últimas consecuencias asumiendo la cruz. ¿Estamos dispuestos nosotros a enfrentar el sufrimiento y la cruz por ser fieles a la vida y la causa de Jesús? ¿Por qué? ¿Qué nos falta?
  4. ¿Hemos sufrido burlas, maltratos o marginación por seguir a Jesús, por denunciar las injusticias, por luchar por la verdad, por defender a los demás ante algo injusto? Poner ejemplos.
  5. ¿De qué manera una persona puede “ganar al mundo” y “destruir a sí mismo” (“perder su vida”)?
  6. Comentar esta frase: ”Sólo ganan la vida quienes la gastan en el servicio al prójimo y al Reino de Dios”.

¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. Respondemos a cada oración:

“Señor, ayúdanos a seguirte con fidelidad…”.

 5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: ¿A qué estoy dispuesto a renunciar o a comprometerme por ser fiel a la causa del Reino de Dios?

Llevamos una “palabra”.  Pensamos en alguna palabra o versículo que nos acompañe hasta que nos encontremos nuevamente. Recordemos esa “palabra” o versículo cada día de la semana y mientras participamos en nuestros quehaceres diarios, buscando también algún momento para orar con ella.

6. Oración final.

Padre Bueno, Tu Hijo Jesús no huyó ni retrocedió delante de la cruz. La oposición de sus adversarios no pudo apartarlo de su firme decisión de cumplir tu voluntad y anunciar tu Reino hasta entregar la vida. Fortalécenos con el don de tu Espíritu Santo para ser capaces de seguir a Jesús con valentía y fidelidad. Danos valor para luchar por la justicia y la verdad sin dejarnos comprar por nada ni nadie. Danos fuerzas para cargar la cruz de cada día. AMÉN.

Padre Nuestro, que estás en el cielo…


PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 16, 21-27

1. El contexto literario: El texto de hoy (16, 21-27) se encuentra entre la confesión de Pedro (16,13-20) y la transfiguración (17, 1-8) y está íntimamente ligado a ellos. Jesús pide a los doce que le digan qué piensa la gente que pueda ser Él y luego quiere saber qué dicen ellos. Pedro responde: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (16,16). Jesús acepta esta confesión y dice que esto ha sido revelado a Pedro por Dios. Sin embargo, insiste en que los discípulos(as) no deben decir a nadie que Él es el Mesías. Jesús sabe bien que este título puede ser malentendido. “Desde entonces” (16,3) comienza a explicar a los doce gradualmente qué significa ser el Mesías: Él es el Mesías sufridor por causa del Reino de Dios que entrará en su gloria a través de la cruz. El texto de hoy consta de dos partes. En la primera (vs. 21-23) Jesús anuncia su muerte y resurrección y se muestra completamente decidido a seguir el proyecto de Dios sobre Él a pesar de la protesta de Pedro. En la segunda parte (vs. 24-27), Jesús muestra la consecuencia que deberá tener sobre sus discípulos el reconocerlo como Mesías sufridor: no se llega a ser discípulo, si no es pasando por el mismo camino. Pero Jesús sabe bien que es difícil para los doce aceptar su cruz y la de ellos, y para animarlos les da una anticipación de su resurrección en la transfiguración (17, 1-8).

2. La Cruz de Cristo y nuestra cruz: Jesús habla de lo que va a suceder en Jerusalén. Los dueños del poder político y religioso pronunciarán, en nombre de Dios, su sentencia de muerte. Pero la sentencia será invalidada por el propio Dios, que lo resucitará al tercer día (vs. 21), confirmando que su palabra y acción eran válidas. Jesús no deseó ni buscó la muerte en la cruz, sino que le vino como consecuencia de su vida de entrega por el Reino de Dios y su justicia. La muerte de Jesús, visto así, es la consecuencia “lógica” de su conducta hacia las instituciones y dirigentes de su pueblo, que se oponen a su acción liberadora. El Nuevo Testamento también insiste que su muerte (y resurrección) hacía parte del proyecto de Dios, que Jesús aceptó con plena libertad. Jesús salvará al pueblo entregando libremente su propia vida. Y seguidamente, Jesús, mirando a los que le siguen, les habla de cargar la propia cruz, la de nuestra vida, que debemos saber llevarla, como él lleva su cruz de ser profeta del Reino hasta las últimas consecuencias. No es una llamada al sufrimiento ciego, sino al seguimiento verdadero, sabiendo que la cruz le llegará a los que no se acomodan a los criterios de este mundo y se identifican y son fieles a la vida y la causa de Jesús: el Reino.

3. Pedro, una piedra de tropiezo: Su profesión de fe (16,16) muestra que Pedro acepta a Jesús como Mesías, pero no entiende cómo es ese mesianismo. Lo reconoce como el Hijo de Dios, pero queriendo un mesianismo poderoso y vencedor. La respuesta de Jesús es tajante: para Él, Pedro está asumiendo el papel de Satanás en la tercera tentación del desierto (4,8-10). En la mentalidad de la época, Satanás representa lo contrario del proyecto de Dios, el Reino, predicado por Jesús. Pedro, como hijo de su tiempo, expresa simplemente las expectativas de la gente, un Mesías no debía sufrir. Y aunque hay un firme rechazo a la reacción de Pedro, Jesús, al mismo tiempo, le perdona y le dice que tome nuevamente su puesto de discípulo, puesto que lo llama a situarse detrás de él para seguirlo y no ser un obstáculo en su camino. Jesús cree que Pedro es capaz de volver a comportarse como un discípulo.

4. Condiciones para seguir a Jesús: Jesús permanece firme. Se dirige a los discípulos con mucha claridad y les presenta las condiciones para seguirle: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (16,24). Seguirle implica renunciar a sí mismo, a las ambiciones personales de gloria, de poder, y riquezas. Cargar la propia cruz significa seguirlo hasta la cruz, ser fiel al proyecto del Reino y luchar contra la sociedad injusta y deshumanizada. Todo esto traerá como consecuencia la persecución e, incluso, la muerte. Quisiéramos vivir un cristianismo cómodo, sin conflictos. Pero Jesús es claro en su invitación: hay que tomar la cruz, hay que arriesgar la vida, hay que perder los privilegios y seguridades que nos ofrece la sociedad si queremos ser fieles al evangelio.