Elaborado por la Red Bíblica Claretiana (REBICLAR) de MICLA

24 de Septiembre de 2017

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1. Oración Inicial.

Señor, envíanos  tu Espíritu Santo.  Concédenos escuchar con apertura de corazón tu Palabra y comprender su mensaje para que vivamos siempre conforme a tu voluntad y actuemos como luz y fermento del mundo. AMÉN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: La gracia y la misericordia de Dios se contrapone a la mentalidad religiosa judía de los tiempos de Jesús. Frente a la mentalidad del mérito del sistema religioso se opone la de la gracia predicada por Jesús. Desde esta perspectiva, la salvación no se alcanza solamente por méritos propios sino por la misericordia de Dios que nos la concede a pesar de que no la merezcamos. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 20, 1-16.

Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Luego cantamos: “Yo tengo un amigo”, nº 75. Leemos otra vez el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto?

  • Cada uno dice el versículo o parte del texto que le llegó más.
  • ¿Con qué compara Jesús el Reino de los cielos?
  • ¿Qué personajes aparecen en la parábola del reino que relata Jesús? ¿Cuál es la situación que narra la parábola?
  • ¿Cuál es la actitud de los trabajadores que comenzaron a trabajar a primera hora? ¿Qué explicación les da el dueño de la viña?
  • ¿Qué imagen de Dios nos muestra la parábola?
  • ¿Cuál es la enseñanza final de la parábola?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.)

  • ¿Qué nos parece la actitud del patrón? ¿Y las protestas de los trabajadores?
  • La murmuración nace de la envidia porque Dios trata a todas las personas por igual. ¿Acaso existe en nosotros(as) un espíritu de competencia, codicia o envidia?
  • El amor del Padre es gratuito. Cuando nosotros(as) hacemos algo por los demás: ¿Es para cumplir y recibir nuestra recompensa, o lo hacemos por amor gratuito? ¿Por qué?
  • ¿Qué debemos cambiar en nuestra vida y en nuestra pastoral para ver y vivir la vida con la mirada de Dios reflejada en la parábola: un amor generoso, desinteresado, donde los últimos, los pequeños y pobres son los más importantes?
  • ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida.

“¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”

5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: ¿Qué acto de generosidad libre y gratuito,  sin ningún interés de devolución, voy a realizar durante la semana?

Llevamos una “palabra”. Pensamos en alguna palabra o versículo que nos acompañe hasta que nos encontremos nuevamente. Recordemos esa “palabra” o versículo cada día de la semana y mientras participamos en nuestros quehaceres diarios, buscando también algún momento para orar con ella.

6. Oración final.

Padre Bueno, anima nuestras fuerzas para trabajar por tu Reino.  Que no seamos mezquinos y aprendamos a darlo todo gratuitamente con alegría. Danos buen ánimo y mucha esperanza para escuchar tu Palabra y comprometernos con la vida. Enséñanos a mirar la vida con tu mirada, para trabajar sin interés y con alegría en la construcción de tu Reino.

Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.


PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 20, 1-16

1. Contexto. Mateo pone acá esta parábola para completar la enseñanza anterior sobre la recompensa que espera a los que dejan todo para seguir a Jesús. La parábola se debió a dos situaciones: La primera, la discusión de Jesús con las autoridades judías por su continua relación con personas de dudosa reputación como publicanos, pecadores, enfermos, niños, paganos y mujeres, los cuales eran considerados impuros y, por tanto, excluidos del círculo de santidad. Y la segunda, el conflicto producido entre los judíos cristianos y los no judíos cristianos que están en la misma comunidad de Mateo. La frase final: los últimos serán los primeros, y los primeros últimos, es la expresión del cambio de situación que trae consigo la llegada del reino de Dios, donde todos son recibidos y acogidos.

2. “Los primeros serán los últimos y los últimos los primeros“. Este pasaje está conectado con el final del anterior, el capítulo19 versículo 30, donde Jesús afirma que “los primeros serán los últimos y los últimos los primeros”. Son las mismas palabras que repetirá al final de esta parábola. Estamos invitados a entrar a un mundo nuevo, a un mundo al revés, que es el de Jesús, donde nuestra lógica de poder, ganancia, recompensa, esfuerzo, se sustituye por otra lógica: la de la gratuidad absoluta, del amor misericordioso y sobreabundante.

3. La gracia y la misericordia de Dios. El sistema religioso del tiempo de Jesús y de las primeras comunidades centraba la práctica religiosa en el mérito y la recompensa. La salvación se había convertido en un mercado de compra y venta. Según lo que se hiciera, se pagara, o quien fuera, se creía con derecho a la salvación. Esta parábola nos enseña que la salvación es don gratuito de Dios, no se alcanza por méritos propios sino por la misericordia de Dios que nos la concede a pesar de que no la merezcamos. Y la gracia tiene que ver con el amor misericordioso. Dios no maneja nuestros esquemas de intereses y beneficios.

4. El amor libre y gratuito del Padre. El texto nos habla del centro, del corazón del mensaje de Jesús: el amor libre y gratuito del Padre. El salario entero que el propietario decide dar a aquel que vino a trabajar al morir el día provoca la reacción de los que estaban allí desde temprano. La igualdad en el tratamiento les parece una injusticia. La justicia de Dios está por encima de la formalidad de la justicia humana. Dios tiene en cuenta las necesidades más profundas de las personas, de aquellos que contra su voluntad “estaban en la plaza parados” (vs.3), porque nadie los había contratado. Los obreros de la última hora tienen, sin embargo, el mismo derecho a trabajar que los primeros, y a vivir ellos y sus familias de ese trabajo. En un mundo como el nuestro, en que la gran mayoría de la población está subempleada o desocupada, el derecho al trabajo es una manifestación del derecho a la vida.

5. ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno? En respuesta a la reacción de los que fueron contratados en la mañana, el dueño de la viña apela al derecho que tiene de disponer de sus bienes como mejor le parece: ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno? No es ningún agravio dejarse llevar por la compasión hacia los desocupados y pagar la misma cantidad a los que trabajaron una hora y a los que se habían fatigado todo el día. Al contrario, él ha sido justo con los primeros (según el modo humano de concebir la justicia) porque les dio el sueldo convenido; y también ha sido justo con los últimos, ya que con ellos no había hecho ningún acuerdo condicionante del trabajo y el salario. Sin embargo, esta respuesta no resulta del todo convincente, porque el reproche no apuntaba al trato dispensado a los distintos grupos de jornaleros tomados aisladamente, sino a la desproporción entre la recompensa dada a unos y a otros en el momento del pago. Pero así se resalta mucho más la enseñanza de la parábola: la misericordia de Dios no se opone a la justicia humana, sino que la supera totalmente en el amor.