Cuando el Señor pasó por mi vida, yo interactuaba en la red digital. Y cuando dijo: “Ven, sígueme” (Mt 4, 19), fuí y lo seguí… pero no dejé la red sino que traje conmigo la Palabra y la hice circular en el continente digital.

A causa de la Ingeniería en Computación mi cabeza conectaba datos, circuitos y códigos. En ese contexto fui llamado. El desciframiento de códigos para que el software de una computadora funcione se transformó en el desciframiento del código que Jesús nos dejó para hacer que el cielo se develara en la tierra. Durante muchos años me he preguntado por qué habría sido llamado yo de entre tantos sinvergüenzas. Al mismo tiempo, Él me dio la oportunidad de navegar, investigar, dominar el continente digital. Más tarde me di cuenta que Dios me llamó para proclamar la Palabra a través del continente digital; para codificar en mi corazón los números digitales 0 y 1: CERO (= ningún) otro Dios y el UNO y único mandamiento: “Ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn 13, 34); para continuar pescando hombres y mujeres ciudadanos del continente digital.

Nosotros podemos ser misioneros en el ciberespacio y no solo en el mundo real. Es una frontera inmensa e insondable. Podemos usar el mundo cibernético como herramienta para hacer que nuestro Dios y Señor sea conocido por todos. Y a través de esta herramienta, invitar a que otros lo conozcan más: compartir el Evangelio de cada día, comunicar la historia del pueblo elegido por Dios, la historia de amor entre Dios y su pueblo. Usar la red para construir redes de fey descifrar el mensaje verdadero y oculto de la Palabra.

Podemos mostrar nuestro amor y ser Misioneros del Dios misericordioso y lleno de amor, propagando amor y promoviendo paz en las redes sociales y superando el acoso cibernético. Podemos inspirar a que la gente haga circular el antivirus del odio a través de vídeos, gráficos y música. Podemos ser mediadores entre el amor de Dios y su pueblo a través del continente digital. Por supuesto que siempre con las debidas precauciones y prudencia. La Iglesia nos invita a estar presente en este “nuevo continente” y también nos advierte acerca de sus ilusiones y trampas (cf. Laudato Sí 47).

Fácilmente nos acostumbramos a la vieja y convencional forma de hacer misión: salir al encuentro de la gente, ser vistos físicamente, predicar y convertir personas para que sean creyentes, a ser vistos haciendo muchas cosas, enfrentando todo peligro en las fronteras. Creo que es tiempo de actualizar nuestro sistema operativo; esa versión de ser misionero ciertamente es limitada. Arroja tu red al otro lado de la barca. Nosotros también podemos servir a Dios y a su pueblo, podemos ser Servidores de la Palabra, misioneros en el continente digital incluso sentados frente a la computadora o usando nuestros teléfonos móviles. Después de todo, tanto la misión convencional como la misión digital tienen el mismo objetivo que la canción “La Misión” de Steve Green resume perfectamente: “Amar al Señor Dios nuestro es el latido de nuestra misión, la fuente desde la cual surge nuestro servicio. Al otro lado de la calle o alrededor del mundo”, y yo agrego, incluso en el continente digital, “la misión sigue siendo la misma: Proclamar y vivir la verdad en el nombre de Jesús”.

Como servidores de la Palabra, nos sentimos llamados a buscar los signos de Dios en el mundo digital, para compartir nuestra experiencia del Evangelio en nuevos códigos de comunicación y combatir los virus de la manipulación, la superficialidad y despersonalización. ¡Qué revolución habría alentado Claret si hubiera tenido las posibilidades que estas nuevas tecnologías ofrecen hoy! (cf. MFL 2j) (MS18).

Que el Señor sea alabado y otros alentados a alabarlo en y a través de las fibras ópticas. Sé un Servidor de la Palabra. Comparte la Palabra y seamos misioneros en el continente virtual. ¡El Sistema de Nombres de Dominio (DNS) y las puertas de enlace están siempre abiertas para todos!

Louie Guades CMF.