Queridos amigos y amigas, feliz año nuevo.

Comenzamos el 2017 renovando nuestro compromiso de ser una Congregación en Salida hacia las periferias que Dios habita, y desde las cuales continúa llamándonos. Transitamos el segundo año de este servicio de animación misionera que se nos ha encomendado y aún resuena en nosotros el eco del año santo de la misericordia.

Al inicio de este nuevo año, el Papa hace un llamamiento a todas las personas de buena voluntad: Que hagamos nuestro el itinerario de las bienaventuranzas como estrategia para la paz y compromiso de no-violencia activa en la construcción de la amistad social[1]. Su llamada nos conduce al núcleo de nuestro seguimiento misionero de Jesús[2].

Las bienaventuranzas son para nosotros invitación, fuente y promesa: Invitación a continuar andando tras las huellas de Jesús. Fuente que nutre nuestros más genuinos anhelos y empeños en la búsqueda del Reino de Dios y su justicia. Promesa para quienes eligen abrazar la solidaridad como estilo de vida y testimonio.

Dispongamos el corazón para que esta propuesta vocacional, que atraviesa todas las dimensiones de nuestra vida (nuestra espiritualidad, nuestro modo de vivir en comunidad y de hacer pastoral, de ejercer el servicio de la autoridad, de compartir los bienes de que disponemos para la misión y con los que menos tienen), encuentre cabida en nosotros y seamos capaces de hacerla crecer hasta la medida del Corazón de María, nuestra madre y formadora.

Crecer a la medida del discipulado de Jesús como María conlleva, en primer lugar, que renunciemos a cualquier forma de privilegio que no sea el de asumir la humilde condición de oyentes-servidores de la buena noticia de Jesús; dejarnos transformar por ella; y ponernos en camino al encuentro de los demás: De los pobres, de los jóvenes, de las mujeres, hombres y niños que sufren violencia. De los que trabajan por la paz y la justicia. En segundo término, implica que desarmemos las barreras personales o de grupo que nos separan de ellos (barreras nacionalistas, provincialistas, ideológicas, sociales o de clase, religiosas, políticas, económicas, culturales, sexualmente diversas o generacionales, entre tantas otras) para que seamos capaces de crear ámbitos de comunión en las diferencias. Comporta, finalmente, que nos ejercitemos en vivir la misericordia como actitud evangélica; para que acojamos en los hermanos, excluídos y necesitados, al Señor que nos sale al encuentro, y ensanchemos nuestros horizontes misioneros a la medida del Corazón de Jesús.

A lo largo del año, distintos hermanos y hermanas nos ayudarán a reflexionar nuestra vocación claretiana profundizando esta propuesta que retoma las interpelaciones de la Declaración Capitular. Damos gracias a Dios Padre-Madre por sus vidas, y a él le encomendamos nuestro compromiso a favor de los jóvenes y de la vida, para que el mundo crea.

Hno. Carlos Verga CMF

Prefecto General de Pastoral de Jóvenes y Vocaciones

 

[1] Mensaje del Santo Padre Francisco para la celebración de la 50 Jornada Mundial por la Paz: “La no violencia: un estilo de política para la paz” (01I2017). Ciudad de Vaticano, 8 de diciembre de 2016.

[2] “El seguimiento de Cristo, tal como se propone en el Evangelio, es, pues, para nosotros, la regla suprema. Por eso, escuchamos con toda docilidad la palabra con que el Señor llama a los discípulos a la perfección del Padre, promulga el mandamiento del amor fraterno, recomienda la oración, propone las reglas de la vida apostólica y proclama partícipes de su propia bienaventuranza a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz y a los que sufren persecución por la justicia y por su causa son injuriados” – CC 4.