Ciudad del Vaticano. Con la celebración eucarística presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, la tarde de 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, ha sido clausurado el “Año de la Vida Consagrada” que había sido inaugurado el 30 de noviembre de 2014.

Ante miles de consagrados y consagradas, el Pontífice recordó en su homilía que “Jesús es el rostro de la Misericordia del Padre. Es éste el ícono que el Evangelio nos ofrece al final del Año de la Vida Consagrada, un año vivido –resaltó el Papa-, con mucho entusiasmo.

El 1º de febrero, los participantes en el Congreso internacional Vida Consagrada, habían tenido una audiencia con el Papa Francisco en el Aula Pablo VI. Ante ellos el Papa dirigió un discurso espontáneo afirmando que ”el año de la vida consagrada se termina, pero prosigue nuestro compromiso de ser fieles a la llamada recibida y de crecer en el amor, en la entrega, en la creatividad” y, en orden a buscar caminos para conseguirlo, el Papa ha centrado su reflexión en torno a tres palabras: “profecía“, “cercanía” y “esperanza”. Finalmente, en el ámbito ecuménico, ha dicho el Papa que “el testimonio carismático y profético de la vida consagrada, en sus diversas formas, puede contribuir a que todos nos reconozcamos más unidos y favorecer la plena comunión”.

Al mismo tiempo, el Congreso internacional Vida Consagrada convocado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA), llegó a su fin tras varios encuentros de reflexión, oración y diálogo vividos en distintos sitios, de acuerdo a las diversas formas de vida consagrada: Ordo virginum, Vida monástica, Institutos Apostólicos, Sociedades de vida apostólica, Institutos seculares, Nuevos institutos y Nuevas formas de vida consagrada.

Un buen grupo de claretianos de Roma y Madrid han participado en este encuentro, así como otras representantes de la Familia Claretiana: RMI, MSAMC y Filiación Cordimariana.