Texto Bíblico: Juan 11, 1 – 45  Quinto Domingo de Cuaresma

El hecho de la resurrección de Lázaro es un signo anticipado de la resurrección de Jesús y de las personas que crean en él. Jesús es la Resurrección y la Vida Nueva que Dios nos regala y que se manifiesta en signos para que nos hagamos sus amig@s por la fe.

No era de mucho peso la creencia de vida más allá de la muerte, de una posibilidad de volver a vivir por voluntad de Dios, de resucitar, sobre todo en el Antiguo Testamento; pocos libros hacen mención de este tema. Alguna rama del judaísmo contemporáneo de Jesús, como el fariseísmo, creía en la resurrección de los muertos como un acontecimiento de los últimos tiempos. A los saduceos, por el contrario, les bastaba esta vida de privilegios para los de su clase, justificaban su situación cómoda y privilegiada en una justicia divina que defendían firmemente.

Hoy también hay varias comprensiones de la resurrección y de la vida después de la muerte: como paso a otra vida distinta, prolongación o continuidad, otras personas no creen en el más allá, y están las creencias ridículas como la de la reencarnación. Pero casi tod@s sufrimos tal realidad que despierta dudas (¿Qué sucede después de la muerte?, ¿hacia dónde vamos?), huida, negación o serena aceptación.

Prueba de esto es el acostumbrado evadirse del sufrimiento o evitarlo cuanto antes posible, el temor al dolor y la parálisis que provoca la muerte misma manifiesta la complicación de asumirla como parte de la vida que igual tiene su sentido. La ligereza por enterrar al difunto no da tiempo para asimilar el impacto de la pérdida, elaborar el duelo y dar lugar a los sentimientos y preguntas que permitirían incorporar la muerte como experiencia de la que se aprende a: valorar gestos y comportamientos garantes de felicidad, a apreciar la presencia de otr@s, a cobijarse en el amor de Dios en su consuelo, a decidirse a vivir en el amor oblativo, y tantas otras cosas que vuelven a nacer desde “la muerte”. Es llamativo ver al pueblo mapuche, pueblo originario del Sur de lo que ahora es Argentina y Chile, cómo aprecia considerablemente a sus mayores y es deseo llegar a edad muy avanzada, en esa etapa es donde son reconocidos como autoridad y tesoro de sabiduría. Es lamentable, en nuestra cultura occidental, el olvido y hasta desprecio de l@s abuel@s y la propia resistencia a la vejez que tienen los cercanos a ella. El reproche que Marta y María le hacen a Jesús por su ausencia en el momento de la muerte de su hermano puede tener que ver con lo planteado anteriormente.

No se puede tener la vida sin la muerte, y es en la muerte donde se puede resucitar, Jesús mismo pasó por eso. Dice José Antonio Pagola que Dios no ha salvado a Jesús de la muerte, pero sí en la muerte, y ha sido su reacción que confirma a su querido Hijo desautorizando a quienes lo han condenado. Deberíamos hablar más de este tema en nuestras familias y comunidades, verbalizar nuestros dolores, preguntas y descubrimientos cuando nos llega la hora del sufrimiento y la muerte.

Jesús no viene a prolongar la vida terrena sino a comunicar ya una vida eterna, expresión que no se refiere a una vida del más allá sino que manifiesta la calidad de vida en el más acá, una vida definitiva y permanente, no pasajera y sujeta a la muerte.

            Un detalle adjunto es que Jesús enfrenta su propia muerte. Se dirige a Betania, sólo a tres Km de Jerusalén. Su llanto es por él, y no sólo por Lázaro. Asume su final, sabe hacia donde va. (Jesús lloró, se conmovió nuevamente….)

Llegar a comprender el final así es entender que vivió bien la vida, para los demás, que no perdió el tiempo. Aunque la situación es crítica, se mira al futuro, estar con Dios. Pero pensamos desesperadamente en lo que perderemos, en que desapareceremos de este mundo como el único que satisface mi vida. Alguien dijo que quien le cuesta dejar esta vida, es por no haberla vivido bien, distraída por el lujo y el dinero, malgastada en el tiempo, lastimándose a sí mismo y a los demás. Vivimos como muertos, o solemos vivir con una apariencia momentánea de vida: una forma o estilo que le falta solidez, profundidad y sentido.

Dice el P Mariani que “quienes viven con la esperanza de la vida nueva, de la resurrección de la vida, muestran siempre actitudes y valores que no se ven en aquellos sumergidos en el hoy, fanáticos del tener, ocupados en el producir y producirse. Los primeros, viven con el horizonte de la Fidelidad de Dios: manifiestan ser personas con convicciones, fieles a las mismas, con intenciones claras de coherencia con el decir. Se las descubre trabajando por causas mayores y trascendentes a ellos mismos. Les da gusto cansarse y hasta se sacrifican por esas causas porque dan sentido a su vida. Es que la fe en la resurrección no los saca de la historia, al contrario, los compromete al servicio de la vida, a su cuidado y promoción, a trabajar por su dignidad más plena.”

La frase “desátenlo para que pueda caminar” es una provocación a la parálisis o miedos que nos produce la muerte, vivamos la vida presente con la firme esperanza de la Resurreción y la Vida Nueva que buscamos siempre. Creer es condición para encontrar la eterna alegría en cada instante (vers. 40), y es fruto de los signos que el Señor hace en nuestro caminar (vers. 42). Levantarnos de la muerte no sólo es por el poder de Dios (el grito de Jesús, vers. 43) sino también depende de nosotros, porque nadie tiene la vida, sino que la buscamos.

Mario Bussolo CMF

Argentina