Texto Bíblico: Juan 14, 1 – 12  Quinto Domingo de Pascua

            Las palabras de Jesús, en el marco de la última cena, deben ser las más alentadoras y esperanzadoras de todo el Evangelio. La invitación a la confianza en Dios y a la esperanza de un final en sus brazos les permitirá recorrer un camino de discipulado comunicando vida plena, aquella que el mismo Jesús sembró en sus corazones como germen para crecer en el tiempo.

            La apresurada salida de Judas (por el anuncio de su traición), la negación de Pedro y las palabras de despedida de Jesús deja a los discípulos preocupados y desanimados. A la vez, interpreto, ansiosos por comprender al Maestro y no dejarlo partir; la necesidad de su presencia es más fuerte en este momento que en otros compartidos con él.

La salida de los vacíos y tristezas, la recuperación de tiempos de desalientos o angustias son gracias a las justas y oportunas palabras de quienes siempre están a nuestro lado, sus acogedores gestos e impulsos a horizontes de vida nos devuelven la esperanza para continuar de manera renovada. Sentimos la necesidad de Jesús incluso en los más esforzados compromisos con la Justicia y con los desamparados de todo. Nuestras caídas y falta de fuerzas en dichos propósitos nos hacen buscar el consuelo y la fortaleza de un Dios que, sabemos, siempre acompañó a profetas y pueblos, a mártires y comunidades eclesiales de base que se mantuvieron de pie porque sintieron su fiel presencia y sostenedora compañía. Desde esta certeza, “hay que seguir andando…”

            Conocer a Dios y haberlo visto son términos que  definen una experiencia personal y que, en este caso, Jesús es el camino. Los que todavía buscan ansiosamente a Dios tienen que desligarse de las sugestiones, apariciones, de los hacedores de milagros, exaltación de personas o rituales como intermediarios que se presentan necesarios y únicos. En realidad, desaprovechamos tiempo y energías cuando en lo cotidiano, a través de muchos signos de vida, la verdad de Dios está con nosotros y en nosotros. Felipe ha estado mucho tiempo con Jesús y no ha caído en la cuenta de la presencia salvadora de Dios. No hay que dejar escapar la realidad cotidiana. Hay cosas, personas, gestos, actitudes,  testimonios de vida valiosísimos que no pueden pasar inadvertidos.

            Creer en Jesús como camino, verdad y vida implica un recorrido dinámico que nos hace crecer. Quienes tienen sed de Justicia y Paz para la humanidad tienen que andar itinerantes con expresiones de solidaridad y entrega, a imagen de Jesús, él acompaña siempre a los suyos en este camino. Porque cuando nuestra vida misionera es difícil, Jesús se deja encontrar.

Mario Bússolo CMF

Argentina