“Acoger-Proteger-Promover-Integrar”: Cuatro acciones para promover la paz.

Cartas Vocacionales – Enero 2018

El anhelo de paz y reconciliación, el deseo de unidad y la conciencia de formar parte de una sola familia humana –sentimientos que crecen y se manifiestan con fuerza, particularmente entre los jóvenes– son para nosotros, en palabras del XXV Capítulo General, una interpelación de Dios a nuestra vocación de discípulos-misioneros del Evangelio (cf. MS11-13).

Al inicio de este nuevo año el papa Francisco pone de relieve una vez más la ingente realidad de los migrantes en el mundo: “Más de doscientos cincuenta millones de personas de las cuales veintidós millones y medio son refugiados”. El foco de atención se convierte en una llamada a la responsabilidad y al compromiso político de los gobernantes de las naciones, por una parte, y, por otra, en una invitación a transformar en acción los sentimientos de nuestros corazones ante la zozobra en que viven tantas personas desplazadas.

Seguir a Jesús Misionero “hasta el fin” tiene siempre consecuencias bien concretas en nuestras vidas. Por un lado, el camino de Jesús –la entrega de su cuerpo derribando el muro de separación entre los pueblos y ofreciéndonos la paz (cf. Ef 2,14)– se vuelve paradigmático para nuestra Congregación que poco tiempo atrás celebró la beatificación de otros 109 misioneros. Estos hermanos sellaron con su sangre el testimonio extremo de su entrega. Por otro lado, de modo más modesto y cotidiano aunque no menos extraordinario, la acción de Dios en nuestras vidas, que es gracia y misericordia, nos ha convocado a formar parte de su pueblo. Y esta pertenencia al pueblo de Dios nos permite compartir la condición de extranjería con los desplazados del mundo (cf. 1Pe 2,11).

Nuestra condición creyente nos coloca en la zona de las promesas de Dios; situación por la cual Abraham abandona la tierra de sus padres; Moisés forja una nueva sociedad en el desierto; los profetas vislumbran una ciudad nueva, abierta a todos los pueblos; María expresa su fiat; y el Verbo asume nuestra condición humana para transformarse en el Camino que nos conduce al Padre, en cuyo corazón nuestros pasos encuentran su morada definitiva.

Desde esta condición de caminantes, el papa Francisco presenta cuatro verbos fundamentales para conseguir la paz… “ACOGER”-“PROTEGER”-“PROMOVER”-e-“INTEGRAR”. A través de estas acciones se nos invita a: (1) Desnaturalizar y romper con la indiferencia de la convivialidad humana. (2) Aguzar la mirada para contemplar el número creciente de desplazados, discernir las causas que provocan tales desplazamientos y buscar soluciones a la medida de las responsabilidades de cada uno. (3) Promover la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia; realizando la promesa de la paz. En todo esto, los jóvenes de nuestras comunidades tienen mucho para enseñarnos.

También en el pequeño horizonte de nuestras comunidades, esas cuatro acciones se vuelven vitales. En las nuevas configuraciones comunitarias, los componentes intergeneracionales e interculturales están llamados a ser una parábola de comunión, un signo escatológico, una palabra evangelizadora al mundo de hoy (cf. MS46). Transformar por tanto los cuatro verbos en actitudes de vida nos permitiría trascender la mera vinculación geográfica, nacional o cultural a la cual estamos acostumbrados para aventurarnos a una comunión cada vez más auténticamente evangélica.

Carlos Verga CMF