No es la primera vez que intentan con malicia perjudicar a Jesús en sus enseñanzas. En este caso un jurista o doctor de la ley interviene para provocar en él una respuesta equivocada según sus criterios de juicio. Es que reducir nuestra vida, simplemente, para buscar los defectos de los demás es de autosuficientes y creídos perfectos que nos lleva a achicarnos en humanidad y a dañar la vida de quienes nos rodean. Terminamos siendo insoportables caminantes con una bandera de leyes y doctrinas que a nadie le ayuda.
Pero aquí el tema principal es el amor. Quien ama a Dios, el bienhechor de toda persona,  tiene que hacerse imagen suya. Por lo tanto, la práctica del amor llega hasta el necesitado sea quien sea y en lo más extremo, y no solamente a quienes los habitantes de Israel consideraban prójimo: próximo por algún vínculo geográfico, familiar o social. Esta es la novedad del mandamiento, en aquel y en este tiempo, al mencionar Jesús que el segundo es semejante al primero (vers. 38), así se hacen inseparables y explicativos de cómo es Dios y sus hij@s.
Este amor solidario corrige aquellas prácticas de vida cristiana que pretenden alabar y adorar a Dios al margen de las exigencias de una entrega sin reservas a los demás, particularmente a los pobres y excluidos de esta tierra.

Y cuando vivimos así, con estos dos amores, salimos de nuestro propio egoísmo y hacemos de este gesto un instrumento eficaz de transformación histórica. Tenemos la libertad y la capacidad de hacernos compasivamente cercan@s, dialogantes, generos@s, atrevid@s en otros mundos, arriesgad@s en el peligro, delicados en lo pequeño, intuitivos en lo desconocido, fuertes en la resistencia y tiernos con la belleza escondida que tiene la pobreza. Este poder delicado del amor es el camino que enciende la esperanza y las ganas de vivir de quienes nos rodean cada día.

 

Mario Bússolo CMF