Sólo desarrollando una “ética del cuidado de la vida, en todas sus formas” podríamos contribuir al mandato misionero que nos propone estas interpelaciones urgentes del Capítulo General de nuestra congregación.

La madre tierra, está sufriendo aceleradamente la violencia de una sociedad capitalista, devastando la creación de Dios. Esta violencia que se ejerce constantemente y de diversas formas, se puede combatir mediante una ética del cuidado de la vida. Si bien hemos sido los seres humanos quienes hemos depredado el planeta, también somos los seres humanos los únicos capaces, en este momento, de cambiar el rumbo de este desastre que hemos creado.

En realidad, quienes han planificado y asumen una economía capitalista tienen más responsabilidad y deberían ser los primeros en cambiar sus modelos de producción, pero es claro que no se hacen cargo del desastre que han creado, y como estamos en una “casa común”, oikos, no podemos cerrar los ojos a esta realidad que nos involucra a todos y todas.

Lynn White (1967), historiador que en su libro: Las raíces históricas de nuestra crisis ambiental, afirma que el cristianismo es parte fundamental de la crisis que estamos viviendo, pues tiene raíces filosóficas y religiosas, cuando el cristianismo pone al ser humano como “rey” de la creación y demarca otros valores (no ambientalistas) dentro de la relación: ser humano-naturaleza. Además, no olvidemos que la iglesia instaba a toda la feligresía a preocuparse por la vida en el “más allá”, centraba su discurso cristiano en obtener un lugar en el “paraíso”, descuidando la vida en el “más aquí”, es decir, el espacio y el tiempo concreto que nos toca habitar.

Después de cuarenta años de la tesis de White, pienso que pudo ser una voz profética para cambiar nuestro estilo de vida en un momento propicio, cuando la “revolución verde”[2] nacía campante junto a un capitalismo extractivista y nada responsable por la sustentabilidad de los recursos naturales.

Consecuentemente, si ha sido la religión uno de los factores causantes de esta crisis, debemos re-crear el cristianismo, con otros valores (Laudato Sii es un llamado pertinente a este objetivo) y otra espiritualidad que retome esa relación intrínseca a la vida, una espiritualidad holística y abarcadora, vivir la espiritualidad de San Francisco de Asís que identificaba a todos los astros, a todas las creaturas como “hermanos y hermanas”, eso sí que sería “buenas nuevas” para nuestros pueblos, que actualmente son los que más sufren por la crisis ambiental.

Desde la cosmovisión andina, se habla de un universo plenamente conectado, incluso los seres inanimados tienen un vida y estamos en permanente interrelación, donde las relaciones que se dan en este espacio vital, son las sagradas, por tanto se las que se debe cuidar. Cuánto podríamos aprender de nuestros pueblos indígenas sobre las formas de cuidar la vida que nos legan. Nuestra espiritualidad cristiana debe estar atenta para aprender y desaprender, como misioneros y misioneras “mensajeros/as de la alegría del Evangelio” queremos formar parte de este desafío?

Lo que nuestra congregación podría hacer concretamente hoy:

  1. Usar los automóviles lo estrictamente necesario, en lugares que sean posibles las bicicletas son una buena alternativa.
  2. Sacrificar espacios de jardines de nuestras casas de formación y parroquias para hacer composteras (fertilizante natural a base de basura orgánica). Hacer huertos, producir nuestras verduras que consumimos en lo posible.
  3. Comprar nuestros productos, a los agricultores que apuestan por una producción orgánica.
  4. Realizar reuniones y encuentros lo más ecológicas posibles (menos fotocopias, menos vasos y platos desechables, dietas amigables con la naturaleza).
  5. Hacer campañas de reciclaje con nuestros grupos juveniles y de catequesis.
  6. Promover un uso adecuado de energía eléctrica y de agua en nuestras casas de formación y parroquias.
  7. Promocionar iniciativas de reciclaje que algunas mujeres emprenden en sus grupos.
  8. Homilias que se hagan eco del grito (des) esperado de la Madre Tierra y que insten a la conversión holística hacia una ética del cuidado de la vida.

¿Qué otras acciones podríamos hacer?

 

Elizabeth Gareca Gareca [1]

 

[1] Mujer, laica del movimiento de seglares claretianos, teóloga, agrónoma, docente y agricultora. Coordinadora de la Red Ecuménica de Teólogas La Paz (Bolivia), hace un servicio bíblico en EPABICLA de la Provincia Perú Bolivia; colaboradora del colectivo NI UNA MENOS Bolivia.

[2] Es la denominación usada internacionalmente para describir el importante incremento de la productividad agrícola y por tanto de alimentos entre 1960 y 1980 en Estados Unidos y extendida después por numerosos países