Cuando aún estaba en Sudán del Sur, el Papa Benedicto XVI escribió la Exhortación Apostólica Post-Sinodal Africae Munus (AM). El centro era pedir que toda la Iglesia de África estuviera al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz. El apremiante escenario actual del mundo hace que este llamado hecho a la iglesia de África sea aún mucho más imperioso para el resto del mundo.

El mundo dividido por la ideología que se promueve a menudo a través de las instituciones religiosas, un regreso de la sociedad multicultural y cosmopolita a los refugios seguros de una familiaridad basada en un mismo lenguaje, raza y religión son vistos como auténticos desafíos en nuestra sociedad actual. Como nunca antes, lo que nos divide se promueve una vez más como lo que nos une.

“Reconciliación es un concepto pre-político y una realidad pre-política, que precisamente por eso es de suma importancia para la tarea de la política misma. A menos que la fuerza de la reconciliación se cree en los corazones de la gente, el compromiso político por la paz carece de su premisa interior”, escribía el Papa Benedicto.

Para leer los signos de los tiempos, nosotros usamos los lentes de la sociología; y para leer la situación actual de las personas, los de la psicología. Al hacerlo, adquirimos una mejor comprensión de la sociedad y de la gente. A menudo salen a la luz problemas de injusticias y trabajamos por restablecer la justicia para quienes son afectados. Algunas veces la tentación es permanecer en este nivel. Usar lentes tales como los de la sociología y la psicología nos ayuda pero si fallamos en el uso de los Lentes de la Fe que nos llevarían más allá, para estar al servicio del llamado primordial que hemos recibido en tanto que misioneros de la reconciliación, fracasaremos en participar en la misión de Jesús que restaura todo de nuevo en una nueva relación con Dios y de unos con otros. El Papa Francisco está demandando esto mismo en sus homilías; gestos de verdadera caridad cristiana.

El Sínodo sobre África recordaba el deber urgente de todo discípulo de entender que es Cristo quien nos llama con su palabra. Nosotros, claretianos, como servidores de la Palabra, aprendemos a escuchar a Cristo y nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, quien nos revela el significado de todas las cosas (Jn 16,13) desde los primeros días de nuestra formación. De hecho, la lectura y meditación de la palabra de Dios, tal como Claret nuestro fundador nos enseñó, nos arraiga más profundamente en Cristo y guía nuestro ministerio como servidores de reconcialiación, justicia y paz. Se nos recuerda que “para llegar a ser sus hermanos y hermanas, uno debe ser como ‘aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica’” (Lc 8,21).

La escucha auténtica es obedecer y actuar. Esto significa hacer florecer la justicia y el amor en la vida. “Es ofrecer, en la vida y en la sociedad, un testimonio semejante al llamado de los profetas, en el cual estaban continuamente unidos la palabra de Dios y la vida, la fe y la rectitud, el culto y el compromiso social” (AM). Escuchar y meditar en la palabra de Dios significa permitirle que penetre y configure nuestras vidas para reconciliarnos con Dios, permitiendo que Dios nos guíe hace una reconciliación con nuestro prójimo: un camino necesario para construir una comunidad de individuos y pueblos.

Nosotros tomamos este ministerio de reconciliación como un sendero de nuestra espiritualidad, permitiendo a diario que el Espíritu transforme en misioneros de reconciliación nuestros pequeños fragmentos a través de la Palabra, primero y ante todo aprendiendo con humildad a usar los lentes de la fe que nos hagan capaces de participar en la gran visión de Dios, donde Dios revela que “todos seremos el pueblo de Dios y que Yahweh será nuestro Dios (Ex 6,7)”. ¡Que la palabra de Dios pueda encarnarse en nuestros rostros y en nuestras vidas, en nuestros ministerios y participación en temas de justicia social!

Callistus Joseph CMF

Provincial de Alemania