¿En qué mundo vives?

Desde los Evangelios imaginamos el recorrido de Jesús y su encuentro con los campesinos trabajadores de sus tierras, con los pescadores sencillos como Pedro y Andrés, con los enfermos tirados fuera de la ciudad para no contaminar, el diálogo afectuoso con las mujeres apresuradamente enjuiciadas por las autoridades religiosas, con los niñ@s no reconocidos en sus derechos, con los hambrientos de las aldeas recibidos por él mismo para alimentarlos. Mucho debe haber aprendido Jesús, más allá de su familia, en dichos encuentros con este pueblo: en sus necesidades y cansancios, en sus dolores y desalientos, en sus luchas sostenidas en el tiempo, en sus días alegres celebrando la cosecha o la visita de los vecinos, en la abundante pesca con sus pequeñas barcas o el nuevo hogar construido con las manos de conocidos y allegados. Y en todo esto y mucho más Jesús también conoció a un Dios amoroso y liberador que vive siempre en estos perdidos rincones de los alejados campos o en los apretujados barrios periféricos.

Es que donde habita la sencillez que maneja lo inmediato, práctico y concreto, donde hay humildad y cariño, amabilidad y aprecio por el otro, donde existe comunicación gratuita, directa e intensa, donde predomina el conocimiento por la experiencia, la intuición que allana caminos a recorrer, donde se valora lo pequeño y se respeta el misterio, donde se vale de la memoria para aprender, donde la fortaleza y el compromiso se obtienen por los sufrimientos o pérdidas vividas; allí Dios se manifiesta y es donde se crece con mayor plenitud.

Con estas personas e historias Jesús experimentó al Dios de la Vida, su íntimo vínculo con Él lo consiguió en esos únicos momentos y en esos lugares desconocidos por los sabios e inteligentes. Allí Dios le reveló las “cosas ocultas” (versículo 25) para los que absolutizaban el razonamiento y la tradición religiosa.

En aquel tiempo el yugo (peso) de la ley y de las observancias farisaicas causaban el agobio y falta de libertad al pueblo. Hoy en día varias Iglesias con sus mensajes condenatorios y prohibitivos mantienen paralizada a la gente. Pero también en otros ámbitos de la sociedad sucede lo mismo, pautas de conducta obligadas a repetir para no quedar fuera del sistema es moneda corriente.

Si hay algo que puede quitarnos el cansancio de trabajar o luchar, hacer desaparecer el desaliento o aburrimiento, aliviar los dolores o liberarnos de lo que nos oprime y esclaviza, es en estos mundos por los que Jesús anduvo y compartió la vida y el amor. Junto con ello es importante darse la oportunidad de descanso en este apresurado ritmo de vida, buscar el encuentro amoroso cuando se profundiza la soledad, cuidar la salud y la fe cuando las tensiones aumentan y los compromisos nos superan.

¿Cuáles son los lugares que frecuentas y personas con quienes te encuentras? ¿A qué fuentes o herramientas recurres para crecer? ¿Dónde buscas a Dios? Para quienes seguimos a Jesús es condición indispensable convivir con este mundo y ser parte de él, nuestro servicio y entrega de la vida tiene su fundamento en esta realidad y con este Dios que los más pobres y sencillos nos dieron a conocer.

Tienes que hacer el camino de Jesús para conquistar la alegría de vivir y de darse con ternura, para abrazar la fortaleza contra toda adversidad y para acompañar a los demás con su pesado yugo.

Mario Bússolo CMF

Argentina