Elaborado por la Red Bíblica Claretiana de MICLA (REBICLAR)

Evangelio del Domingo 26 de noviembre de 2017

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1. Oración Inicial. 

Padre bueno, envíanos el Espíritu Santo, para que podamos acoger a Jesús que pasa por nuestra historia y ofrece la vida por la humanidad. Danos una visión clara y un corazón abierto para escuchar e interpretar tu Palabra. Danos el estar siempre preparados para colaborar en la construcción de tu Reino. AMÉN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

1. Introducción: Vamos a escuchar las palabras de Jesús. Dice que al final de nuestra vida seremos juzgados según el amor que practicamos con los hermanos y hermanas necesitados. Podemos fijarnos en los criterios que usa Jesús para decir que alguien es bendito o maldito. Abramos nuestros corazones para escuchar la Palabra de Dios.

2. Leer el texto: Mateo 25,31-46. Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

3. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Luego cantamos: “Cristo te necesita”, nº 64. Leemos otra vez el texto bíblico.

4. ¿Qué dice el texto?

  • Cada uno dice el versículo o parte del texto que te tocó más.
  • ¿Cuál es el tema del texto de hoy y qué hará Jesús?
  • ¿Cuáles son los dos grupos que hace Jesús? ¿Qué le dice el Rey al primer grupo? ¿Y al segundo? ¿De qué se sorprenden?
  • ¿Cuál es el criterio que usa Jesús para separar a quienes son benditos o malditos?
  • ¿Quiénes son los hermanos más pequeños con los que Jesús se identifica?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.)

  1. Hambrientos, sedientos, extranjeros, desnudos, enfermos, prisioneros… Hoy: ¿con que grupos de personas tendríamos que completar la lista señalada por Jesús de los “pequeños”, los que sufren en nuestra sociedad? ¿Vemos a Jesús en estas personas necesitadas?
  2. ¿Cómo ha demostrado Jesús en su vida su predilección por los últimos, por los más “pequeños”?
  3. Señalamos personas, problemas, necesidades actuales que se pueden incluir hoy entre las bendiciones y maldiciones del juicio final. Por ejemplo: “Vengan, porque fui emigrante y me arrendaron una casa donde vivir, y me dieron un trabajo para mantenerme”.
  4. Comentar la siguiente frase: Dios no está pidiendo que hagamos nada directamente “religioso”, sino que nos preocupemos del prójimo y en especial de los más necesitados.
  5. ¿Qué podemos hacer para que nuestra comunidad acoja a Jesús que viene hasta nosotros(as) en el pobre, en el hambriento, en el desempleado, en el enfermo, en el que vive en la calle, en el pequeño?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida.

“Señor, ayúdanos a vivir el amor, la solidaridad y la fraternidad”.

 5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: Para alcanzar la vida con Dios hay que vivir la solidaridad concreta. ¿A qué nos compromete reconocer a Jesús  presente en los  más pobres y olvidados? Haz algo concreto esta semana

Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final.

Jesús, ayúdanos a vivir la misericordia y la solidaridad. En nuestros días hay muchos desnudos, sedientos, hambrientos, forasteros, enfermos y presos…. Ayúdanos para ver tu rostro en cada persona que sufre. Conviértenos para que nos preocupemos de la gente y no vivamos indiferentes, porque somos hermanas y hermanos, y porque nuestro Padre Dios quiere justicia y libertad para toda la humanidad.

Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.

 


PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 25, 31-46

 1. Contexto: Los capítulos 24 y 25 del evangelio de Mateo contienen un largo discurso pronunciado por Jesús y dirigido a sus discípulos (24,3). Se anuncia la manifestación definitiva del Hijo del hombre y se advierte que, mientras se espera, hay que permanecer vigilantes. El discurso que recorre estos dos capítulos está escrito en un lenguaje propio de aquella época llamado apocalíptico, y pretendía mostrar algo que estaba oculto. Sus destinatarios eran, generalmente, grupos en crisis, y pretendía llevarles un mensaje de aliento y esperanza. ¿Qué le ocurría a la comunidad de Mateo para necesitar este mensaje? Su comunidad constataba que la segunda venida del Señor se retrasaba. A pesar de la muerte y resurrección de Jesús, la historia parecía continuar como antes. Se mantenía la injusticia, el olvido de Dios, el atropello de los pobres… Entre los mismos cristianos(as) había signos de dejarse estar, de pérdida de fuerza del mensaje de Jesús, desánimo. El evangelista los anima con palabras del Señor recordándoles que Cristo volverá con gloria y la historia tendrá un final feliz, aunque ahora este final permanezca oculto. Ahora bien, esta segunda venida no sucederá enseguida. Mientras llega el momento, es necesario vigilar y comprometerse, porque el futuro se construye desde el presente. Esta exhortación al compromiso está especialmente subrayada en la parábola del juicio final. Con ella se cierra el ministerio público de Jesús y comienza el relato de la pasión.

2. La venida de Jesús al final de los tiempos. En la visión de Mateo, la venida de Jesús al final de los tiempos será ante todo un acto de discernimiento, en el que aparecerán las consecuencias del comportamiento que se haya tenido mientras se aguarda la venida del Señor. Es entonces cuando aparecerá con claridad la distinción entre el trigo y la cizaña (13,24-30), entre los peces buenos y malos (13,47-50), entre el criado fiel y el malo (24,45-51), entre las jóvenes previsoras y las descuidadas (25,1-13) y entre los criados leales a su señor y los que no lo fueron (25,14-30). Lo que resulta más sorprendente y llamativo es la medida que se utiliza en este juicio. Lo decisivo es la actitud de amor o indiferencia hacia los pobres y excluidos. Según Mateo, seremos juzgados por nuestra capacidad de amar a esas personas. Ese amor se tiene que hacer concreto: dando de comer, de beber, etc. Es decir, creando condiciones justas y fraternas de vida. La razón última está en la íntima solidaridad que existe entre éstos y Jesús: lo que se hace con ellos, se hace con Jesús.

3. El Hijo del hombre. Hijo del hombre es una expresión judía que significa simplemente un ser humano. Daniel 7,13-14 utiliza esta para referirse a alguien que que recibe de Dios “poder, gloria, y reino”. Por tanto, el Hijo del hombre es el Mesías que inaugura el Reino de Dios, eterno y universal. Los especialistas piensan que ha sido el mismo Jesús quien se ha dado a sí mismo este título.

4. El representante de Cristo es el pobre (25,37-40). A los que acogieron a los excluidos se les llama “justos”. Significa que la justicia del Reino no se alcanza observando normas y leyes, sino ayudando a los necesitados. Pero los propios justos no saben cuándo acogieron a Jesús necesitado. Jesús responde: “Cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos, más pequeños, conmigo lo hicieron”. ¿Quiénes son estos “mis hermanos, más pequeños”? Son los miembros más abandonados de la comunidad, los despreciados que no tienen lugar y no son bien recibidos (10,40). Jesús se identifica con ellos. Pero esto no es todo. En el contexto amplio de esta parábola final, la expresión “mis hermanos más pequeños” se amplía e incluye a todas aquellas personas que no tienen lugar en la sociedad. Son todos(as) los pobres y excluidos. Y los “justos” y los “benditos de mi Padre” son todos(as) los que acogen al otro(a) en la total gratuidad, independientemente de ser cristiano o no.

5. “Malditos” Son las personas que no entran en el Reino. Aquí el motivo es uno solo: no acogieron a Jesús hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo y preso. No es Jesús el que nos impide entrar en el Reino. Es nuestra práctica y la forma de acoger, ignorar o ser indiferente al otro; es la ceguera que nos impide ver a Jesús en los pequeños.