La vocación no es algo añadido a la vida de alguien o el llamado que uno recibe en cierto momento de su vida. Si bien siempre había pensado que la vocación era eso; pero como acompaño aquellos a quienes Dios llama a nuestra vida, comienzo a ver en qué consiste el llamado de Dios. La vocación se parece más a un regalo que Dios había atesorado para nosotros desde el inicio de los tiempos. Cuando nosotros decimos que recibimos el llamado, no es sino el momento en que nos damos cuenta de que se nos ha dado un regalo, y empezamos a desenvolver el regalo de Dios. La formación consiste en ayudar a las personas a sacar el regalo de la caja. El regalo es nuestro verdadero yo, lo que Dios nos ha llamado a ser.

Esto es lo que experimenté en el itinerario que recorrí con Kiko, un novicio nuestro a quien Dios llamó consigo en 2013, mientras estaba en España. Él se atrevió a desenvolver el regalo que había recibido para experimentar, en su corta existencia, la misericordia de Dios. Permítanme compartir con ustedes un reflexión que él escribiera el 11 de julio de 2009.

“La Madre de Dios ha recogido mi oración, por eso hoy he recibí un e-mail de una de mis novias anteriores. Recuerdo que me disculpé con ella el año pasado. Ella no aceptó mis disculpas y encima me dio un cachetazo porque yo le había hecho mucho daño cuando ella era joven.

Ella me contó por e-mail que se casaría pronto y que en realidad ya me había perdonado. Se disculpa por el cachetazo. Dice: ‘Pensé que nunca te perdonaría pero me he aclarado a mí misma por qué debería odiarte si en realidad aún te amo. Me encantaría pero de otro modo que permita ver mejor nuestra relación. Tal vez éramos demasiado jóvenes entonces. Quiero agradecerte el regalo de aquellos antiguos dulces recuerdos que también me hicieron sufrir. Cuídate y, por favor, bendice nuestro matrimonio! Gracias’.

No sé si tú podrías sentir lo que yo experimentaba al momento en que leía esas palabras que a mí me han impactado.

Le agradezco mucho a Dios que le concediera a ella un novio bueno. Su e-mail es un muy buen regalo para mí. Me siento a gusto. ¡Estoy feliz! No me había imaginado que el perdón podría traer tanta felicidad”.

Una vez que experimentamos la misericordia de Dios en nuestras vidas, somos sanados y liberados de los lazos que nos atan en la tierra para poder elevarnos hacia Dios y hacer posible nuestra vocación.

Sid Ching CMF

East Asian Delegation