• PALABRA DE DIOS: Juan 10, 1 – 10. Cuarto Domingo de Pascua

Es sorprendente la vida pastoril en el sur de Argentina; esta hermosa meseta que, en su amplitud, está habitada por campesinos en su mayoría mapuche. Acostumbrados al cuidado de chivos y ovejas transmiten, con su estilo campero y en sintonía con la naturaleza, importantes valores que son imprescindibles en estos tiempos vacíos de liderazgo y de búsqueda de modelos de animación pastoral.

Es habitual salir al campo a cuidar los animales, conducirlos a los mallines (zonas de pastos para alimento) o a tomar agua, recogerlos terminando el día para protegerlos de los zorros o de algún intruso malintencionado. Estos pastores saben cuándo va a haber buen o mal tiempo climático por el comportamiento de los animales, olfatean los peligros que acechan al pequeño rebaño, esperan sentados al lado de las madres cuando van a parir a sus crías, saben curar  a quienes se enferman y conocen con detalle a cada uno poniéndoles nombres para acompañarlos mejor, y si alguien queda guachito (sin madre) ellos mismos lo amamantan hasta ya crecido.

Seguramente esta manera de vivir ha aportado a la habilidad para reconocer los buenos corazones y a los oportunistas y saqueadores que no sólo existen ahora, sino que ya en el pasado llegaban a estas tierras ancestrales para apropiarse injustamente de las mismas amparados por el Estado (ladrones). Con su observadora mirada y admirable serenidad de vida perciben quiénes son los  que dicen y no hacen, y quiénes buscan el bien de sus familias y pueblo. Su tierno y esforzado acompañamiento al grupo ovino propone un compromiso constante y fiel, sobre todo en las luchas por los derechos y dignidad. El amor por su gente es demostrado en la delicada atención al visitante, y el orgullo por los frutos de su trabajo invita a valorar lo pequeño y simple de cada acontecimiento y de cada día.

“La imagen del Buen Pastor que propone el texto de Juan es antigua en el patrimonio literario de Oriente. El profeta Jeremías la aplicó a los reyes de Israel para denunciarlos por haber cumplido mal sus funciones y para anunciar que Dios daría a su pueblo nuevos pastores que le apacentarán en la justicia; y entre esos pastores un germen, el Mesías. Ezequiel recoge el tema  echando en cara a los pastores, por entonces reyes y jefes civiles del pueblo, sus crímenes. La reivindicación mesiánica de Jesús tiene su esbozo en aquellos textos”. (Biblia de Jerusalén, nota del Capítulo 34 de Ezequiel)

Las palabras de Jesús muestran la misma realidad, y la de todo tiempo histórico donde los dirigentes se comportan como ladrones que entran saltando por otro lado y no por la puerta del corral. Pero también propone un estilo de pastoreo al servicio del pueblo que, en nuestro caso, determina la tarea misionera, brindando características muy enriquecedoras para las comunidades cristianas. ¿Cuáles son para ti dichas características?

Hoy en día quizás debamos construir un modelo de pastoreo donde la “comunidad” sea sujeto de tal animación pastoral al servicio del pueblo, ella es la Pastora que sirve, oye y conoce, acompaña y defiende, aconseja y aporta, ayuda y ama. Es la que entra por la puerta del corral. Po eso es necesario reflexionar cómo debe ser nuestra presencia en la sociedad que sufre necesidades e injusticias, que tiene problemas y también esperanzas.

¿Recuerdan los primeros gestos del Papa Francisco al inicio de su Pontificado? ¿Cuáles son los consejos en orden a una pastoral de conversión dentro de la Iglesia? ¿Sus intervenciones en los conflictos sociales dentro de un país o entre los pueblos? ¿Su cercanía y afecto para con los más vulnerables e indefensos? ¿Sus firmes palabras ante la violencia o las injusticias de un sistema económico depredador? Con atención repasemos su manera de vivir y su breve acción pastoral para sentirnos invitados a servir al pueblo; y que nuestras comunidades sean como la que Jesús nos propone al revelarse como Buen Pastor.

 

  Mario Bússolo CMF

Argentina