En medio de las críticas y la incomprensión de los de dentro y de fuera, Jesús se mantiene firme en proponer su proyecto de que la humanidad viva con dignidad y plenitud. Si el maná (alimento) fue un respiro para el duro caminar hacia la libertad del pueblo judío, la carne (su vida) será el verdadero pan que da vida al mundo.

Este texto, construido posteriormente, también muestra que en el mundo romano y griego, y hasta judío, había sospechas sobre la eucaristía: No podían entender como una comunidad de creyentes podía celebrar con gozo y entusiasmo la muerte de su Señor y Maestro. Sin embargo, lo que en realidad no entendían era el misterio pascual. Jesús había resucitado, superando el cerco de una muerte violenta e injusta, y ahora vivía en medio de sus seguidores y seguidoras.

El trasfondo eucarístico se entiende como propuesta de alimento que da fuerza y vida, y también como proyecto que se asume en adelante apasionadamente y con total generosidad, la de vivir como Jesús dando vida en abundancia. La necesidad, por lo tanto, de alimentarse de Jesús, es condición imprescindible para recorrer este sendero. ¿Cómo te alimentas de Jesús? ¿Conoces sus sentimientos, rabias, dolores, sueños, sus propósitos y luchas?

Pareciera, a esta altura, que todo en Jesús es escandaloso y, a la vez, su cuestionamiento especialmente sobre la vida de los discípulos llega a su punto máximo. Paradoja de la vida donde las grandes lecciones recibidas nos han puesto en desafiante momento de elección u opción, en situación de aceptación o rechazo sin más posibilidad para evadir la verdad sobre uno mismo: estar a favor de la vida o de la muerte injusta.

Por otra parte, dice el P. Agustín Cabré que da la impresión que la misma Iglesia ha “masticado” este hecho (el celebrar el cuerpo de Cristo es valorar la materia) pero no lo ha tragado a lo largo de su historia: le ha salido más fácil “espiritualizar” a Cristo y todo lo que a él concierne y así desentenderse del problema; creer realmente en el cuerpo y sus posibilidades, amar el cuerpo, valorarlo, emplearlo con todos sus sentidos para la vivencia humana que es al mismo tiempo vivencia religiosa, se le ha hecho muy cuesta arriba a los cristianos.” Quizás nuestra incomprensión y escándalo por compromisos con realidades tan heridas en su carne y en su ser más profundo incluso dentro de la Iglesia, sea por esto. Miradas tan cortas y mentes tan obtusas interpretan dichas opciones como acciones fuera de lo evangélico y religioso, con frases como “eso es hacer política” o “se han alejado del camino de Dios”. No aceptamos que a través de lo humano el don de Dios se hace concreto, adquiere realidad para toda persona. Y Jesús hombre es el lugar donde Dios se hace presente. Y así se entrega como don al mundo. Es en las personas y en el tiempo donde se lo encuentra a Dios, donde se lo acepta o se lo rechaza. ¿Cómo caracterizas a tu espiritualidad?

Donarse a sí mismo como pan es el punto en cuestión. Igual que Jesús, el que quiera vivir como él debe considerarse como pan que hay que repartir, y debe repartir su pan como si fuese él mismo el que se reparte. Ha de renunciar a poseerse sin miedo a perder o perderse. La vida se posee en la medida en que se la entrega, ya lo dijimos muchas veces: hacer que la propia vida sea alimento disponible para los demás es el principio de la nueva comunidad humana, esta disposición se expresa en la eucaristía, que renueva el gesto de Jesús.

Hoy también la carne (la humanidad) vive la injusticia de muchos gobiernos y grupos de poder violadores de derechos humanos, sociales y ambientales, llevándonos al desastre hasta en nuestra interioridad. Es urgente, por lo tanto, optar apasionadamente y con prisa por la defensa de la misma humanidad.