PALABRA DE DIOS: Mateo 14, 22 – 33 (Domingo 13 de agosto)
“La confianza en el Amor de mi vida.”
El caminar sobre las aguas pareciera un hecho planificado por Jesús: manda a los discípulos a cruzar el lago en barca hasta la otra orilla, él se queda despidiendo a la gente, y luego de su acostumbrada oración a solas va hacia ellos. La comunidad de discípulos (y las futuras) es simbolizada por la “barca”, y en este caso la comunidad está sumergida en el temor, es sacudida por un viento contrario (vers. 24). Los datos geográficos (distantes de la costa) y temporales (de noche) agregan un considerable nivel de gravedad a la situación. Los discípulos se han olvidado rápidamente del Jesús solidario con los necesitados y buscador de justicia en la multiplicación de los panes, ante quizás qué dificultades los atraviesa el miedo. Hay falta de confianza en su Maestro aunque no esté presente, ya que están sin él como solos en medio de la nada.
Situaciones parecidas puedes recordar ya sea en la misma búsqueda de Dios, en la necesidad de su presencia consoladora y poderosa cuando necesitas ser fuerte. Cuando, habiendo hecho tanto por tu hijo/a o matrimonio/pareja, no encuentras ayuda o salida. Cuando le tienes miedo a las responsabilidades por asumir o a los fracasos, cuando te atormentan las enfermedades que te afectan. Situaciones en que pierdes un hijo/a y un terremoto sacude tus pies. Cuando te sientes sól@ en tu compromiso cristiano, y muchas otras en donde el viento sopla fuertemente y en contra de la vida personal, familiar o comunitaria (barca), pareciera que nos hundimos. Nuestras reacciones suelen ser la huida o el grito desesperado como el de Pedro “Señor, sálvame”, o vemos fantasmas, quizás por equivocadas comprensiones de la intervención de Dios en nuestra historia. Esperamos a un Dios poderoso en auxilio del peligro del momento, al Dios paternalista y supermilagroso: imágenes para adorar y temer, que te quitan libertad e ingenio para salir adelante.
Pero la fe, muchas veces es poca fe; es fuerza y angustia, seguridad y riesgo, confianza y duda, protección y abandono, firmeza y temor. La acción de Dios no consiste  en darte una fe completa en su seguridad o firmeza negando las tempestades de la vida. La fe, en ocasiones, pasa por diferentes sentimientos o momentos vitales necesarios para madurar. Es imposible crecer estando siempre en la orilla, a veces hay que dejarse llevar mar adentro. Suele suceder que cuando experimentamos, sin huir, las tormentas, salimos más fuertes o crecidos en humanidad y fe, cosa que nos sirve para las próximas adversidades o para acompañar a otros/as.
Curiosa iniciativa de Pedro querer caminar sobre las aguas como Jesús. Impulso que dura poco al ser invadido por el miedo. Se dejó ganar por el fuerte viento sin mirar a quien lo esperaba en el punto de llegada, a quien lo amaba desde siempre. Pedro no tiene miedo porque se hunde, sino que se hunde porque tiene miedo. Como dicen, el miedo nos juega una mala pasada; y es que en medio de la tormenta hay que mirar a Jesús, el Señor, sino la vida corre el riesgo de hundirse. Sin la confianza infinita en Dios jamás podremos desafiar dichas tormentas. Si la confianza indica donde depositar nuestros sentimientos y afectos, entonces el corazón del apóstol estaba en cualquier parte, menos en el indicado: preocupado por lo que ocurría a su alrededor no prestó atención a las más bellas palabras que persona alguna haya dirigido a la humanidad: «¡Ánimo! Soy yo, no teman…» Es cierto que hay un caminar de la vida personal o comunitaria en medio de dificultades, pero también una permanente presencia del Señor, que hay que descubrir.
Los tiempos presentes tampoco son fáciles para las comunidades cristianas porque viven situaciones similares y comportamientos diversos. Las angustias por la abundancia de problemáticas sociales como el hambre de sus niños o la droga en las calles y plazas oscuras de los barrios. La violencia de género, las mamás solas, la falta de trabajo, las injusticias y corrupción de los funcionarios públicos, el maltrato de la Madre Tierra, la Iglesia dormida o ausente, entre muchas otras; son desafíos que ponen a prueba nuestra fe. A veces no hay tiempo para todo, y todo te pide respuesta; a veces el dolor te hace pesada la marcha y el compromiso con esas realidades. La barca necesita de Jesús en medio, no dejen de “mirarlo” aunque caminen sobre las aguas.
Por último, fíjate que hermosos gestos de Jesús que lo confirman como Señor: extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? (vers. 31). Gestos que hemos recibido algunas veces y que otros pueden necesitar. Estar presente cuando otros sufren violentos vientos en contra, subirse a su barca como lo hizo Jesús, sostenerl@s o animarl@s, incluso provocarl@s cariñosamente en su estado de fe. Además, la fe que pide Jesús es la confianza en él, que es el amor de toda vida.

Mario Bússolo, CMF

Argentina