Hola queridos hermanos/as, soñadoras y soñadores con un mundo distinto, más humano y más hermano. Les saluda Wilmer Ramos de la Comunidad Juvenil Cristiana, y de DDHH en Honduras.

Desde niño aprendí a vivir en medio de la pobreza reconociendo que la misma es fruto de la concentración de PODER Y RIQUEZAS que atenta contra la vida violentando nuestros derechos, generando más pobreza.

Como también desde niño me gustaba ir a la iglesia y escuchar la palabra de Dios, supe entender su mensaje de amor; porque no es un Dios castigador, sino un Dios de JUSTICIA, PAZ, y sobre todo un DIOS DE AMOR. Gracias a mis padres por haberme Bautizado pues el bautismo es el comienzo de la vida en Cristo. El momento más IMPACTANTE fue cuando confirmé mi Fe; pues para mí confirmar la Fe es confirmar la vida y confirmar la vida es también defenderla.

Mi mayor preocupación es que los Jóvenes que hemos confirmado la Fe no asumamos el compromiso como verdaderos cristianos, por eso opté por el proyecto de vida como defensor de los DDHH en Honduras; porque no me siento cristiano si no defiendo la vida de mis hermanos cuando está siendo violentada, si no denuncio las injusticias que sufre mi pueblo cuando está siendo atropellada y sobre todo si no estoy dispuesto a dar la vida cuando por defenderla está siendo amenazada.

Sin temores defiendo la vida porque Mi Vida es un regalo de Dios para compartirla con amor. Mi compromiso como cristiano pasa porque crecí en un hogar con un papá alcohólico que sólo pensaba en los amigos, en los vicios, malgastando lo poco que tenía sin importarle los suyos – cosa que no me gusto y aprendí a rechazar desde mi niñez, también porque en la doctrina cristiana me hablaban de un Dios de justicia, paz y de amor; pero quienes los predicaban no lo vivían; porque muchas veces pude ver cómo en las comunidades hablamos de Dios sin importarnos que un pueblo, una comunidad, una familia o una persona puede estar sufriendo siendo víctima de la violencia que atenta contra la vida. Finalmente porque vivo en un Honduras violento, corrupto, pobre, injusto, y manchado con sangre de los que se levantan ante la voz de la justicia. Esto se convierte en mi vocación encontrada en el caminar joven de mi persona en Cristo que nos abraza con su claro ejemplo de amor y nos demanda amar al prójimo; no sólo predicando su palabra de amor sino actuando con amor.

Defiendo la vida organizando la misma, porque la organización es para mí el arma de unidad, como lo dijo Berta Cáceres: la unidad es el camino que nos queda. Además la necesitamos para contrarrestar el sistema asesino que nos tiene en la  miseria, cómodos, conformistas y lamentablemente muchas veces los cristianos cometemos el error de decir en nuestra homilías o prédicas que es la voluntad de Dios.  En esto abandono mi vida.

Jesús dijo el reino de Dios está en medio de ustedes; pero yo les digo no vamos a construir reino de Dios en medio de tanta corrupción,  violencia,  miseria, conformidad, y mucho menos cuando los cristianos no tengamos claro que esta realidad no es voluntad de Dios, sino voluntad de unos pocos; aprovechándose de las multitudes o del pueblo de Dios que a diario está siendo martirizado.

Cómo lo dijo el padre San Antonio María Claret “el amor de Cristo nos urge”, como urge el amor entre nosotros hoy en día.