En un retiro de preparación para el nacimiento de Jesús hicimos un signo que nos ayudó a visibilizar la Misericordia de Dios en nuestras vidas: Escribimos a lápiz, en un papel, algo de nuestro carácter o alguna acción que queríamos borrar. Por la tarde, en el momento de la oración, introdujimos ese papel en agua y lo volvimos a sacar enseguida. El papel estaba en blanco. Se había borrado lo que habíamos escrito en él.

El signo nos permitió entender que el amor de Dios es Misericordia. Que cada día, cuando nos susurra las buenas noches, nuestro papel está de nuevo en blanco para que empecemos el día siguiente sin ningún tachón, ni corrección, ni subrayado lo que está mal. El amor misericordioso de Dios hace que podamos gozar plenamente sentirnos sus hijos queridos.

En Jesús, rostro visible del Padre-Madre del cielo, aprendemos a sentir y vivir la misericordia de esta manera. Mirarle a Él, a la luz del ideario de los seglares claretianos, nos lleva a entender la vida con unos acentos muy concretos que son una invitación a traslucir lo que somos y lo que hacemos: “Como hijos de Dios tratamos de imitar su perfección, su amor a todos y su preferencia por los humildes y los pobres. De este modo somos expresión del amor con que Dios los ama” (Ideario SC, 32).

Estar insertos en el mundo, en la complejidad de las realidades de la vida seglar, y relacionarnos con los demás desde la experiencia de la misericordia de Dios nos exige una respuesta que esté en consonancia con nuestro carisma.

Estamos llamados a formar familias donde la acogida, el diálogo, la ayuda, el perdón… sean el motor de las mismas. Somos convocados a vivir nuestras profesiones poniendo a las personas por encima de los proyectos y a los objetivos en función de ellas. Estamos invitados a implicarnos en compromisos sociales y políticos buscando siempre la construcción de un mundo más justo. Nos sentimos comprometidos a hacer una opción por los pobres, a reclamar y luchar por su dignidad. Estamos llamados a llevar una vida austera que nos ayude a ponernos en el lugar de los más necesitados y a compartir con ellos lo que somos y tenemos.

En María encontramos la Madre de corazón generoso y misericordioso, siempre atenta a las necesidades de los demás. Como ella intentamos responder con generosidad y cariño, sobre todo a los más débiles. Es nuestro modo de llevar a la vida la invitación de Jesús: “dad gratis lo que gratis recibisteis” (Mt 10, 8).

¿Será posible una pastoral vocacional claretiana que también convoque a los seglares a vivir desde nuestro carisma la común vocación de bautizados?

Bernardeta Arbaiza, sc

Secretaria General del Movimiento de Seglares Claretianos