En la cosmovisión Mapuche, pueblo originario del sur de América Latina, la intensidad de los newen (fuerzas) es mayor cuando amanece. A pesar de los abrazadores fríos es costumbre en la mañana temprano lavarse en los ríos o vertientes más cercanas, así se intenta lograr la plenitud integral. El autor del presente texto menciona que María Magdalena va de madrugada al sepulcro, cuando la luz comienza a aparecer, dato que intenta avisar sobre la vida que renace o comienza a despertar para alegrar corazones y devolver la esperanza a la comunidad abatida por las malas noticias (la muerte de Jesús). Familiarizarse con la naturaleza y su vital dinámica cotidiana recogiendo su mensaje y energías hacen que nuestro andar sea más armónico y seguro, no olvidemos que pertenecemos a ella: conectarse con la Creación desde temprano nos permite llevar consigo la vitalidad y fuerza que nos brinda la luz que nos abraza; y todo lo que se nace, despierta, florece o brilla se va con nosotros en la piel para tener un día con suma plenitud.

Pareciera que la discípula del desaparecido no ha comprendido el significado de la piedra corrida, ya que vuelve de prisa a contarles a Simón Pedro y al mejor amigo de Jesús que se han llevado el cuerpo. Así sucede cuando nos invade el desaliento o nos ahoga lo trágico de los sucesos; se hace difícil descubrir las pistas que dan solución a los problemas, o encontrar el hilo que desenreda la madeja, y comprender que esos detalles son los inicios de la vida nueva que necesitamos para volver a alegrarnos completamente a tal punto que deseamos comunicar lo que ahora es “Buena Noticia”. María Magdalena expresa el sentir de una comunidad desorientada ante tales signos (vers. 2b …”no sabemos dónde lo han puesto”). Pero la historia de Jesús no se ha cerrado, como muchas de nuestras situaciones que parecen imposibles de cambiar y, sin embargo, tienen grietas que terminan abriéndose para devolvernos la vida, felicidad y paz tan esperadas en lo más íntimo de nuestro ser.

Es cierto que los procesos de fe de cada persona son distintos, porque los dos discípulos que corrían juntos al sepulcro ante la alarmante noticia, uno termina llegando primero que el otro. Saber aceptar esta realidad en uno mismo y en nustr@s herman@s posibilita acompañar pacientemente la vida de fe de quienes nos rodean, sin rechazos y sin marcar el paso apurando a terceros. El otro discípulo vio y creyó (vers. 8), ya que no sólo distinguió, como Pedro, el lienzo en el suelo y el sudario prolijamente colocado en otro lado, sino que también entendió que la vida puede vencer a la muerte. Es que la muerte puede llegar a  ser muestra de amor y fuente de vida.

Dentro de este marco reflexivo (de los vers. 3 – 6) deducimos un hermoso detalle de amor del amigo de Jesús, que es el respeto hacia Pedro; la primitiva Iglesia había asumido que el anciano Pedro fuera el responsable de la organización y marcha de las comunidades, esta primacía en la fe determinará la futura autoridad papal. Pero aquí nos interesa destacar la importante lección para esta nuestra sociedad que se desprende de muchos valores y personas por el sólo hecho de que son “viejos”, y va perdiendo así una cantidad de riquezas y enseñanzas que resultarían sumamente provechosas (P. Mariani)

Por último, el sudario (vers. 7) es signo de muerte, y enrollado y puesto en otro lugar puede denotar el templo de Jerusalén para quien escribe este Evangelio; es decir, la muerte se ha trasladado a otro lugar, a quienes atentaron contra Jesús. Quienes mataron son ahora la presa de la misma muerte, ya que intentaron frenar la vida en abundancia ofrecida por Dios en Jesús, pero con ello han condenado a su propio templo, a su perverso sistema de poder. Real lección para no olvidar que, en este mundo de repetidas muertes injustas, quienes matan se matan a sí mismos.

En definitiva: hay modos de vivir la Pascua desde las situaciones de cada uno, lo fundamental es distinguir y comprender los signos de vida en cada momento histórico, personal o comunitario. La Resurrección nos permite ver que la historia no termina, que sí renace para una nueva vida. ¡FELICES PASCUAS!