Elaborado por la Red Bíblica Claretiana de MICLA – REBICLAR

Primer Domingo de Adviento – 03/12/2017

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1. Oración Inicial:

Espíritu de la Verdad, que procedes del Padre y del Hijo y que hablaste por los profetas: acude en nuestra ayuda y revélanos el sentido de las Escrituras. Haz que el texto bíblico se convierta para nosotros en Palabra viva y liberadora, que produzca en nosotros(as) la adhesión y el seguimiento radical de Jesús. AMÉN. 

Cantar “Espíritu Santo Ven, Ven”.

2. Lectura:   ¿Qué dice el texto?

  • Introducción: “¡Manténganse despiertos!” Esta es clave en el corto pasaje que la Iglesia reserva para la liturgia del primer domingo de Adviento. Vigilar, estar atentos, esperar al dueño de la casa que debe regresar, no adormilarse, es esto lo que Jesús pide a todo cristiano(a). Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
  • Leer el texto: Marcos 13,33-37: Leemos este texto de Marcos con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Releerlo una segunda vez.
  • Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.
  • ¿Qué dice el texto?
  • ¿A quienes dirige Jesús sus palabras?
  • ¿Qué se encarga el hombre a sus servidores antes de ir de viaje?
  • ¿Cómo responde Jesús a la inquietud de sus discípulos sobre la pregunta ¿cuándo vendrá?
  • Entonces, ¿cuál es la actitud que deben tener sus seguidores? ¿Por qué?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida y comunidad?

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida).

  • ¿Qué significa para ti “estar preparado” (la vigilancia)?
  • ¿Vivimos siempre hoy a la espera del Señor que viene? ¿Estamos algo adormecidos? ¿En qué?
  • Hagamos en el grupo un «análisis de la realidad de la esperanza»: ¿Cómo está la esperanza en nuestra sociedad? ¿Es una sociedad de esperanza? ¿Qué esperanzas mueven a las personas hoy?
  • ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar la Palabra?

Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. “Estén prevenidos”.

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y comprometernos con la transformación de la realidad:

  • Compromiso: Estar preparados excluye tanto la impaciencia como el sueño, tanto el temor como el relajamiento.  Implica lucha, esfuerzo y valor para evitar, por una parte, la fuga hacia un futuro ideal y, por otra, el estancamiento en la situación del presente.  ¿Cómo me comprometo esta semana a trabajar por el Reino?
  • Llevamos una “palabra”: Esa “palabra” o versículo que nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente se hará presente durante la semana mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final:

OH Dios, Padre Bueno: ayúdanos a nunca olvidar que eres el Señor de la Historia, el Señor de la Creación, el Señor de la Vida. Tú nos animas para construir el Reino. Danos fuerza para entregarnos a ti de todo corazón y a servirte con fidelidad en el prójimo, de modo que vivamos como verdadero pueblo tuyo y como hermanos y hermanas de todas las personas. AMÉN.

Padre Nuestro, que estás en el cielo…


Para profundizar en Marcos 13, 33-37

1. Contexto: El capítulo 13 del Evangelio de Marco nos habla de la ruina del Templo y de la ciudad de Jerusalén. Jesús aprovecha la ocasión por una observación que le hace un discípulo: “¡Maestro, mira qué piedras y qué construcción! (Mc 13,1). Jesús, por eso, aclara las ideas: “¿Ven estas grandes construcciones? No quedará piedra sobre piedra, que no sea demolida” (Mc 13,2). El Templo, signo tangible de la presencia de Dios en medio de su pueblo elegido, Jerusalén, la ciudad “bien unida y compacta” adonde “suben junta las tribus del Señor, para alabar el nombre del Señor” (Salmo 122,4), todo esto, signo seguro de la promesa hecha a David, signo de la alianza, todo esto irá a la ruina… es sólo un signo de algo que sucederá en el futuro. Los discípulos llenos de curiosidad piden al Señor sentado en el monte de los Olivos, de frente al Templo: “Dinos, ¿cuándo acaecerá eso y cuál será el signo de que todas estas cosas están por cumplirse? (Mc 13,4). A esta pregunta, usando el estilo apocalíptico judaico inspirado en el profeta Daniel, Jesús se limita sólo a anunciar las señales premonitoras (falsos cristos y falsos profetas que con engaño anunciarán la venida inminente del tiempo, persecuciones, señales en las potencias del cielo. cf: Mc 13,5-32), “en cuanto al día y a la hora, ninguno los conoce, ni siquiera los ángeles del cielo, y ni siquiera el Hijo, sino sólo el Padre” (Mc 13,32).

De aquí se comprende la importancia de la espera vigilante y atenta a los signos de los tiempos que nos ayudan a acoger la venida del “dueño de la casa” (Mc. 13,35). Cuando venga él, todo desaparecerá, “el poder de los siervos” (Mc 13,34), incluso los signos que nos ayudan a recordar su benevolencia (templo, Jerusalén, casa). Los “siervos” y el “portero” (Mc 13,34) a la llegada del dueño no mirarán ya a los signos, sino que se complacerán en el mismo dueño: “He aquí que llega el Esposo, salgan al encuentro” (Mt 25,6 + Mc 2,19-20).

A menudo Jesús pedía a los suyos que vigilasen. En el huerto de los Olivos, en la tarde del jueves, antes de la pasión, el Señor dice a Pedro, Santiago y Juan: “Quédense aquí y permanezcan despiertos.” (Mc 14,34; Mt 26,38). La vigilancia nos ayuda a no caer en la tentación (Mt 26,41) y a permanecer despiertos. En el huerto de los Olivos los discípulos duermen porque la carne es débil aunque el espíritu está pronto (Mc 14, 38). Quien se duerme va a la ruina, como Sansón que se deja adormecer, perdiendo así la fuerza, don del Señor (Jue 16, 19). Se necesita estar siempre despiertos y no adormilarse, sino vigilar y orar para no ser engañados, acercándose así a la propia perdición (Mc 13,22 + Jn 1,6). Por eso “despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará” (Ef 5,14)

2. Estar despiertos: Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

Estar vigilantes y preparados consiste principalmente en vivir según el mandamiento del amor. El evangelista se dirige a unos cristianos que han descuidado su compromiso práctico, para despertarles de su letargo y recordarles que el destino de cada persona se decide en la actitud que tengan ante los necesitados en este tiempo que precede a la venida de Jesús.

3. La Esperanza: Esperar, lo que se dice esperar, todo el mundo espera. Una persona solía distinguir: La buena gente, la gran mayoría, que vive con esperanzas: un viaje, una fiesta, una boda, un trabajo, curarse de una enfermedad o el gordo de la primitiva. La gente buena, una gran minoría, que vive de la esperanza, trabajando y luchando por una causa noble, de solidaridad, ecología, justicia y paz, cultura, libertad, democracia, etc. En el fondo todos buscan lo mismo, pero los matices marcan toda la diferencia. La búsqueda del bien y de la felicidad nos une a todos, pero los caminos, acertados o desorientados para conseguirlo, nos distinguen. Hoy la liturgia de adviento proclama entre nosotros su mensaje de esperanza; la esperanza de un Dios que vino, a quien recordamos y celebramos, y que viene, para el que nos preparamos. Y, junto a esta gran esperanza, el adviento es también un canto a nuestras pequeñas y legítimas esperanzas, que arropan la grande y la colocan en el pedestal que le corresponde. Buen momento para reflexionar sobre la incidencia o no de lo que esperamos en nuestra vida práctica, para ver si nos mueve a “conducirnos como en pleno día, con dignidad…, sin comilonas ni borracheras, lujuria, desenfreno, riñas o pendencias”.