Elaborado por REBICLAR – Red Bíblica Claretiana de MICLA

9 de Julio de 2017

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1. Oración Inicial.

Señor, envía tu Espíritu Santo.  Concédenos escuchar con apertura de corazón tu Palabra y comprender su mensaje para que vivamos siempre conforme a tu voluntad y actuemos como luz y fermento del mundo.   AMEN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Cuando Jesús se dio cuenta que los pequeños entendían la buena nueva del Reino, se alegró intensamente. Y se dirigió al Padre con una oración de acción de gracias e hizo una invitación generosa a todos los que sufren, oprimidos por el peso de la vida. El texto revela la ternura y la bondad de Jesús al acoger a los pequeños y al ofrecerse a los pobres como fuente de reposo y de paz. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 11, 25-30. Leemos este pasaje de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso trasmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios llene el corazón y la mente. Luego cantamos: “Cristo te necesita para amar”, nº 64. Leemos otra vez el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto?

  • ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?
  • ¿Cuáles son los motivos por los que Jesús alaba al Padre Dios?
  • ¿A quienes ha revelado Dios los secretos del Reino? ¿A quienes les ha mantenido oculto?
  • ¿Qué tipo de relación existe entre Jesús y el Padre? ¿Quién da a conocer al Padre Dios?
  • ¿Qué invitación hace Jesús a los que están afligidos y agobiados? ¿Qué les promete?
  • ¿Cómo se describe Jesús a si mismo?
  • ¿Cómo es el yugo y la carga de Jesús?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

 (No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.) 

  1. La Buena Noticia del Reino de Dios es revelada a los pequeños y sencillos. ¿Qué nos quiere decir Jesús con esto?
  2. ¿Valoramos la sabiduría de los pequeños, sencillos, trabajadores, campesinos, indígenas…? ¿Creemos que el pueblo sencillo tiene sabiduría y capacidad, o siempre será necesario recurrir a personas supuestamente “superiores” para gobernar la sociedad, la iglesia, las organizaciones sociales,…?
  3. En nuestros días: ¿Cuál es el yugo y la carga que más pesa sobre el pueblo? ¿Qué nos aflije y agobia hoy? ¿Qué causas tiene o quienes son los responsables de esas situaciones? ¿Dónde y cómo se busca alivio?
  4. ¿Es nuestra comunidad cristiana un lugar de acogida y aliento para los afligidos y agobiados? ¿Por qué?
  5. ¿Qué significa cargar con el yugo de Jesús? ¿Lo encontramos suave y liviano? ¿Por qué?
  6. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer para que se haga realidad?

 4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

 Desde la vida iluminada por la Palabra, ahora nos dirigimos a Dios.  Como comunidad orante, hablamos con el Señor alabando, dando gracias, pidiendo, contándole lo que uno quiere o siente.

“Te alabamos, Padre, porque te revelaste a los sencillos”.

5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

 Compromiso: Ser discípulos(as) o seguidores de los pequeños.

Llevamos una “palabra”. Pensamos en alguna palabra o versículo que nos acompañe hasta que nos encontremos nuevamente. Recordemos esa “palabra” o versículo cada día de la semana y mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final.

Te bendecimos, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido grandes cosas a los sabios y prudentes, y se las has revelado a los sencillos. Te pedimos que también a nosotros(as) nos des un corazón de pobre. Que sepamos amar a los pobres y acompañarlos en  sus luchas. Que seamos desprendidos para no dejarnos atar por los intereses egoístas, de forma que siempre sepamos entender el sentido de “estas cosas” que revelas a los sencillos.

Padre Nuestro, que estás en el cielo…  AMÉN.

 


PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 11, 25 – 30

  1. El contexto literario de las palabras de Jesús: (Capítulos 10-12): En el Evangelio de Mateo, el discurso de la Misión ocupa todo el capítulo 10. En los capítulos 11 y 12 nos cuenta la Misión que va haciendo Jesús y las incomprensiones y resistencias que van apareciendo y a las que Jesús debe hacer frente: Juan Bautista no lo comprende (11,1-15); el pueblo, que miraba a Jesús sólo por interés, no es capaz de entenderlo (11,16-19); las grandes ciudades en torno al lago, que habían oído la predicación y habían visto los milagros, no quieren abrirse a su mensaje y arrepentirse (11,20-24); los escribas y doctores no son capaces de entender la predicación de Jesús (11,25). Ni siquiera los parientes lo entienden (12,46-50) Sólo los pequeños y sencillos entienden y aceptan la Buena Noticia del Reino (11,25-30). La resistencia contra Jesús lleva a los fariseos a intentar matarlo (12,9-14) y a llamarlo Beelzebul (12,22-32). Pero Jesús no afloja y continúa con su misión del Siervo, descrito por el profeta Isaías (Is 43, 1-4) y citado por completo por Mateo (Mt 12, 15-31).
  2. El término “sabios e inteligentes” se refiere a los doctores de la ley, sumos sacerdotes y escribas; es decir, a la minoría que tiene el poder social y religioso en tiempo de Jesús. Son gente importante y religiosa, segura de sí misma, que desprecia al pueblo marginado y pobre. Ellos se creían que sabían todo de Dios. Con su afirmación Jesús desafía su autori­dad.
  3. El término “pequeños” se refiere a la “gente sencilla”, pero no en el sentido de personas humildes moral o espiritualmente. Se trata más bien del “simple”, del ignorante, de aquel que los sabios creen que es incapaz de seguir, por él mismo, el buen camino y que tiene que ser guiado por los maestros de la ley. La palabra “pequeños” se refiere también a los pobres, hambrientos, afligidos, pecadores, enfermos, ovejas sin pastor, niños, los “no invitados” o marginados de que nos habla el Evangelio. A ellos se da a conocer primero la revelación, la Buena Noticia de Jesús. Así, el mundo religioso de entonces es cuestionado desde su base misma: los destinatarios privilegiados de la Palabra de Dios no son los sabios sino los pequeños. Los sabios, los doctores de aquel tiempo, habían creado una serie de leyes que después imponían al pueblo en nombre de Dios (15, 1-9). Ellos pensaban que Dios exigía todas esas leyes para que el pueblo pudiese tener paz. Pero la ley del amor, revelada por Jesús, afirmaba lo contrario: lo que cuenta no es lo que nosotros hacemos por Dios, sino más bien, ¡lo que Dios, en su gran misericordia, hace por nosotros(as)! Los pequeños oían esta nueva noticia y se alegraban. Los sabios y doctores no conseguían entender esa clase de enseñanza. Hoy, como en aquel tiempo, Jesús está enseñando muchas cosas a los pobres y a los pequeños. Los sabios e inteligentes harán bien en convertirse en discípulos(as) de estos pequeños. 
  4. El deseo del Padre (v. 26): No es que la ignorancia sea una virtud o que ser sabio sea malo. El inteligente no es siempre un orgullo­so, ni el ignorante es siempre humilde. La preferencia no es por bueno o por malo, sino por la situación en que viven las personas. Jesús nos revela que el despreciado de este mundo es el preferido de Dios. Sus criterios son distintos a los de este mundo. Por eso, si entendemos bien la Palabra de Dios, esta nos debe llevar al servicio de los demás y no a la búsqueda del poder. El amor de Dios es gratuito y libre (vs.26), y por eso prefiere a los “pequeños”. Desde este amor es posible comprender las exigencias de compromiso y solidaridad con los demás que Jesús nos pide.
  5. “Yo los aliviaré”: Jesús es la nueva fuente de vida capaz de fortalecer al pueblo cansado, capaz de oponerse a la enseñanza e interpretación de la ley que hacen los entendidos para dominar a los demás. Jesús invita a todas las personas a acercarse a Él y a romper con la enseñanza legalista que oprimía. Su enseñanza es descanso. Su mensaje, aunque exigente, es un “yugo suave” porque tiene la raíz en el amor de Dios. Jesús propone el servicio exigente y alegre de las bienaventuranzas. El yugo que Jesús propone no es símbolo de opresión ni de esclavitud, sino de apertura y obediencia a la voluntad de Dios. Ésa es la única condi­ción para entrar en el Reino de los Cielos, y se concreta en la búsqueda de la justicia y en la práctica del amor (Mt 9,13; 12,7; 22,34-40).