Elaborado por REBICLAR (Red Bíblica Claretiana de MICLA)

16 de Julio de 2017

Descarga el encuentro: 15° Tiempo Ordinario -A- Mateo 13,1-23

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1. Oración Inicial.

Una persona de la comunidad puede hacer una invocación al Espíritu Santo orando por cada persona que está ahí, pidiendo su luz y su inspiración para tener apertura y docilidad a su Palabra.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El capítulo trece ocupa un lugar importante en el evange­lio de Mateo. El capítulo anterior nos hablaba del rechazo a la misión de Jesús. El actual buscará explicar por qué el Reino de Dios puede ser discutido o ignorado por algunas personas y aceptado por otras. El pasaje de hoy nos trae la parábola más desarrollada de este capítulo. El tema de nuestra parábola, como el de todo el discurso en las parábolas en el capítulo 13, es el reino de Dios. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: 13, 1-23: Leemos este texto de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Luego cantamos: “Una mañana el sembrador, nº 32. Leemos otra vez el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto 

  • ¿Qué versículo o parte del texto recuerdan más?
  • Describe la acción del sembrador y los resultados de su siembra.
  • ¿Qué responde Jesús a la pregunta de los discípulos sobre por qué les habla en parábolas?
  • ¿Qué representa “la semilla que cayó en el camino”?
  • ¿Qué representa “la semilla que cayó entre las piedras”?
  • ¿Qué representa “la semilla sembrada entre espinos”?
  • ¿Qué representa “la semilla sembrada en buena tierra”?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.)

  • “Sembramos y no vemos los frutos esperados”. ¿Sucede así a veces en nuestra comunidad? ¿Por qué puede suceder esto , según la parábola?
  • Los peligros señalados por Jesús a sus discípulos para recibir la Palabra y que de fruto, como por ejemplo: la falta de constancia cuando hay dificultades, la desgana, la pereza, el ansia por el futuro, las preocupaciones excesivas por las cosas materiales, ¿nos tocan también a nosotros(as)? ¿Cómo?
  • ¿Qué puede decir hoy la parábola a nuestra comunidad? ¿Qué terreno presenta nuestra comunidad cristiana?
  • Dios ha sembrado su palabra en nuestras vidas: ¿Cómo la hemos recibido? ¿La práctica de la lectura orante y popular de la Biblia nos está ayudando? ¿De qué manera?
  • ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

 Hacer oración con aquello que reflexionamos sobre el evangelio y sobre nuestra vida. Le hablamos a Dios.

“Señor, siembra en nuestra vida tu Palabra y hazla producir frutos del Reino”

5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: ¿Dónde podemos esta semana sembrar la Palabra?

Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final.

 Siembra en nuestra vida, Señor, siembra tu Palabra. Ayúdanos a disponer el corazón con apertura para escuchar tu voz y vivir conforme a ella. Danos fuerzas, Señor, para no desanimarnos frente a las dificultades que se presentan y ser buena tierra, que de frutos de amor, justicia y paz en la vida para la construcción del Reino.  

 

Padre Nuestro, que estás en el cielo…    AMÉN.


PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 13, 1-23

1. ¿Qué es una parábola? Es una comparación en la que se utilizan hechos o historias bien conocidos para que el oyente, con su participación y su experiencia, descubra algo desconoci­do, que en el caso de Jesús es el Reino de Dios. La pará­bola nace de la vida, de la experiencia diaria.

2. Contexto: Mateo reúne en el capítulo 13 siete pa­rábolas en las que se revela el misterio del Reino de los cielos. Este Reino se hace presente en las palabras y signos de Jesús (4,17 – 11,1), y sigue adelante, a pesar del rechazo de los fariseos (11,2 – 12,50). De estas siete pa­rábolas tres están también en Mateo y Lucas, es decir, proceden de la tradición sinópti­ca (el sembrador, el grano de mostaza y la le­vadura), pero las otras cuatro (el trigo y la ci­zaña, el tesoro escondido, la perla preciosa y la red) son propias de Mateo. El evangelista ha recogido y actualizado esta serie de parábolas, te­niendo en cuenta las necesidades de su co­munidad, e intentando animar y for­talecer la fe de su comunidad. Siguiendo un trazado preciso, Mateo co­loca esta colección de parábolas entre el re­chazo de Jesús (11,2 – 12,50), y su retira­da progresiva para convocar al nuevo pueblo de Dios (13,53 – 16,20). A través de ellas aparecen con claridad las actitudes de la gente y de los discípulos(as) frente a Jesús: los discípulos(as) entienden las parábolas, porque Dios les ha revelado los misterios del Reino; pero la gente no las entiende, porque ha ce­rrado su corazón (13,10-17).

3. ¡Animo! ¡No hay que de­sanimarse! Lo más llamativo de la parábola es la magnífica cosecha que produce la que cae en tierra buena. Teniendo presente que por entonces en Palestina una cosecha del siete por uno era considerada una buena cosecha, el treinta, sesenta, ciento por uno de que habla la parábola, debió resultar exagerado y sorprendente a los oyentes de Jesús. Este es el detalle que les haría reflexionar. Es probable que esta parábola fuera pronunciada por Jesús para responder a las objeciones de quienes no veían llegar el Reino que él anunciaba. La parábola pone ante los ojos de sus discípulos la grandiosa cosecha final, diciéndoles: ¡Animo! ¡No hay que desanimarse! A pesar del fracaso aparente, y de su presencia oculta, la llegada del Reino es imparable, y el resultado final será ma­ravilloso e incalculable.

 4. ¿Quiénes comprenden y quienes no? En la visión de Mateo, los discípulos(as) en­carnan la postura de los que reciben el Reino. Ellos comprenden el significado de las parábolas, porque son su verdadera familia, que hace la voluntad del Padre (12,48-50); son los sencillos, a quienes Dios ha revelado los misterios del Reino (13,11; 11,25). Jesús les declara di­chosos, porque han sabido abrir sus oídos para escuchar su mensaje, y han abierto sus ojos para ver en los signos que él realiza la llegada del Reino de Dios. Sin embargo, la gente no entiende nada, porque sus ojos y sus oídos per­manecen cerrados. Jesús les habla por me­dio de parábolas para que comprendan mejor el misterio del Reino, pero es inútil: con la profecía de Isaías el evangelista Mateo muestra a su co­munidad que el rechazo de Jesús por parte de Israel estaba ya previsto en el designio de Dios.

 5- ¿De qué depende la cosecha?: El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado con la esperanza que esa semilla de fruto en todos los sectores de su parcela. El otro elemento importante, el terreno, responde de diferente manera. La buena disposición de cada pedazo de la parcela es lo que hace posible el éxito de la siembra. La semilla es buena, pero no siempre el terreno responde de la misma manera. La predicación de Jesús no es aceptada por los duros de corazón, es decir, aquellos que hablan de una manera y actúan de otra: esos son los fariseos. En el evange­lio de Mateo el fariseísmo es denunciado como el peligro para todo oyente de la palabra y para todo discípulo(a) de ayer y de hoy: recibir la semilla y no hacerla germinar. Pero no todo es fracaso, la palabra es también acogida y da fruto.