Elaborado por REBICLAR – Red Bíblica Claretiana de MICLA
23 de Julio de 2017

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1. Oración Inicial.

Ven, Espíritu Santo Creador. Sé luz para el entendimiento de la Palabra que hoy vamos a escuchar, meditar, orar y contemplar.  AMÉN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Hoy meditamos tres parábolas que son propias de Mateo. Componen la parte final del Discurso de las Parábolas: el tesoro escondido, el comerciante de perlas preciosas y la red echada en el mar. Las parábolas de Jesús nos ayudan a fijar nuestra mirada para percibir mejor la presencia del Reino de Dios en las cosas más comunes de la vida. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 13, 44-52. Leemos este texto de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Luego cantamos: “Tu Palabra es luz”, nº 24. Leemos otra vez el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto?

  • ¿Qué versículo o parte del texto recuerdan más?
  • Jesús compara el Reino de los Cielos con un tesoro escondido en un campo: ¿Qué hace la persona que lo encuentra y cómo se siente?
  • Jesús compara el Reino de los Cielos con la actividad de un comerciante que buscaba perlas finas: ¿Qué hace al encontrar una?
  • Jesús compara el Reino de los Cielos con una red: ¿Qué clase de peces recoge? ¿Qué pasa con los peces que no sirven? ¿Qué pasará también a los seres humanos al final de los tiempos?
  • ¿Con quién compara Jesús un maestro de la ley que se hace discípulo del Reino de los Cielos? ¿Qué saca de sus reservas?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

4. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.)

  1. ¿Qué es para nosotros el Reino de Dios?
  2. ¿Hemos descubierto el Reino de Dios como lo que da sentido a nuestra vida, como el tesoro por el que merece la pena darlo todo a cambio? ¿Somos capaces de venderlo todo por ese tesoro?
  3. ¿Hemos buscado suficiente para encontrar “la perla fina” del Reino de Dios? ¿Cómo esforzarnos más?
  4. ¿Cómo comunicar la buena noticia del Reino de Dios como el mejor tesoro a quienes parecen no tener otro reino que sus propios proyectos, intereses y egoísmos?
  5. La red echada en el mar captura de todo, cosas buenas y cosas menos buenas. Sólo al final se realiza la separación de los malos y los buenos. ¿Qué nos enseña para nuestra vida?
  6. ¿Nos sentimos capacitados(as) para relacionar la vida y predicación de Jesús (lo nuevo) con las promesas del Antiguo Testamento (lo viejo)? ¿Qué nos falta para poder hacerlo?
  7. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer para que se haga realidad?

5. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

 Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida.

“Venga tu Reino, Señor”.

6. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: Buscar, acoger, admirar y construir el Reino esta semana.

Llevamos una “palabra”.  Pensamos en alguna palabra o versículo que nos acompañe hasta que nos encontremos nuevamente. Recordemos esa “palabra” o versículo cada día de la semana y mientras participamos en nuestros quehaceres diarios, buscando también algún momento para orar con ella.

7. Oración final.

Dios, Padre Bueno, concédenos sabiduría para descubrir el significado y la importancia del Reino que tu Hijo anunció e inauguró entre nosotros(as). Que lo tengamos en nuestra existencia como el tesoro más precioso, y que dediquemos toda nuestra vida y nuestros esfuerzos a construirlo entre nosotros, en la familia y en la comunidad.

Padre Nuestro, que estás en el cielo…    AMÉN.

 


PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 13, 44-52

  1. Contexto: El discurso del capítulo 13 es un retrato de las comunidades de Mateo en los años ochenta. Las parábolas del sembrador, del grano de mostaza y de la levadura se escribieron para ayudar a las comunidades que se sentían impotentes y desanimadas con los problemas internos y externos. La oposición del judaísmo y la creciente persecución provocaron el desánimo en las comunidades de Mateo. Con estas parábolas Mateo anima a su Iglesia en su compromiso de vida. Merece la pena empeñar la vida en la lucha por Jesús y su Reino, hasta el final de los tiempos.
  2. El absoluto del Reino: Dos pequeñas parábolas subrayan el valor único del Reino. Tanto el tesoro como la perla expresan lo que el Reino debe ser para el discípulo(a): algo absoluto, y todo lo demás debe ser dejado o pierde importancia en relación con el Reino. Encontrar el “tesoro escondido” es una manera sencilla de recordar que estamos ante algo gratuito, regalado por Dios. Encontrar “la perla”, sin embargo, significó esfuerzo, buscarla hasta encontrarla. Pero, en ambas casos, cuando ese regalo se encuentra, nuestra respuesta debe ser “venderlo todo” por él. La alegría (vs.44) es la reacción que corresponde a la gracia del Reino. A partir del Reino todo lo demás se ordena y adquiere su valor propio. Ser cristiano(a), tener una responsabilidad en la Iglesia no puede ser motivo de prepotencia, sino que es un regalo del Señor para estar al servicio de los(as) demás.
  3. Buscar hasta encontrarla: En la primera parábola, el término de comparación era “el tesoro escondido en el campo”. En la segunda parábola, el término de comparación no es la perla preciosa, sino la actividad, el esfuerzo del comerciante que busca perlas preciosas. Todos saben que tales perlas existen. Lo que importa no es saber que esas perlas existen, sino buscarlas sin descanso, hasta encontrarlas. Cuando se escucha el evangelio y se comprende qué es el reino de Dios, no se debe perder tiempo en hacer lo que tiene que hacerse para heredar el Reino. Hay que deshacerse de todo para acogerlo. ¿Cuánto cuesta la entrada al reino de Dios? Es gratis, pero cuesta todo lo que tenemos. Es gratis, pero de ningún modo es barato.
  4. La parábola de la red echada en el mar (13,47-50): Aquí el Reino es semejante a una red echada en el mar y que pesca de todo. Se trata de algo típico en la vida de aquéllos que escuchaban, donde muchos eran personas que vivían de la pesca. Ellos saben que al echar la red en el mar, en la red entra de todo: cosas buenas y cosas menos buenas. Porque el pescador no consigue controlar lo que viene de abajo, del fondo del agua del mar, donde se mueve su red. Sólo lo sabrá cuando tire de la red hacia lo alto y se siente con sus compañeros para hacer la separación. Entonces sabrán qué es lo que vale y lo que no vale. De nuevo, Jesús no explica la parábola, pero da una indicación: “Así será al final de mundo”. Habrá una separación entre buenos y malos.
  5. Lo nuevo y lo viejo (13,51-52): Este breve diálogo de Jesús con sus discípulos, colocado al final del Discurso de las Parábolas, resume la intención de todo el capítulo y presenta el modelo ideal de discípulo(a). La comprensión de la gente “sencilla”, de los “pequeños” de la comunidad, es diferente de la de los doctores, que se ajustan a los límites de la ley (lo viejo). Los verdaderos discípulos(as), además de entender los misterios del Reino, son capaces de sacar oportunamente de lo viejo (las promesas del Antiguo Testamento) y lo nuevo (la vida y predicación de Jesús). En esta conclusión, el autor deja su huella digital. Las actitudes que Jesús propone aquí reflejan muy bien los criterios que Mateo ha seguido en la composición de su evangelio, buscando relacionar la vida y predicación de Jesús (lo nuevo) con las promesas del Antiguo Testamento (lo viejo). El discípulo de Jesús, no solamente se queda con la ley antigua, sino que acepta el tesoro nuevo del reino de Dios y junto con la ley, enseñará a la gente las dos cosas. No quedará solamente con lo antiguo, sino que enseñará el evangelio del Reino. Jesús ya lo había dicho: “No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento.” (Mt. 5,17)