Elaborado por REBICLAR – Red Bíblica Claretiana de MICLA

2 de Julio 2017

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1. Oración Inicial.

Padre Bueno, tu Palabra habita en el mundo por medio de la venida de tu Hijo Jesús. Él la anunció con sus enseñanzas, pero sobre todo con sus obras y el don de su vida.  Nos prometió la ayuda del Espíritu para que pudiésemos recordar todo lo que había dicho y comprender más profundamente el significado y la verdad de su Palabra. Envíanos hoy este Espíritu Santo para poder leer y comprender la Palabra de Dios.   AMÉN.

Cantar: “Espíritu Santo Ven”, nº 117 o “Ilumíname, Señor” nº 116.

2. Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción. En el texto de hoy meditamos la parte final del Discurso sobre la Misión (10, 1-42). Este discurso contiene frases y consejos de Jesús que enseñan a desarrollar la misión del anuncio de la Buena Noticia de Dios. Jesús no engaña y señala con claridad las dificultades que comporta la misión. Esto sirve para todos los bautizados, que por el hecho de serlo, son también enviados a evangelizar, a ser discípulos misioneros(as). Durante la lectura conviene prestar atención a lo que sigue: “¿Cuál es la exigencia fundamental de Jesús para los que van a la misión?” Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 10, 37-42. Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.

c. Un momento de silencio orante. Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: “Canción del profeta”, nº 71. Leer nuevamente el texto bíblico.

d. ¿Qué dice el texto?

  • Cada persona dice el versículo o parte del texto que le llegó más.
  • ¿Cuáles son las condiciones que pone Jesús para ser su discípulo?
  • Según Jesús: ¿quién es el que gana o pierde la vida?
  • ¿De qué manera se identifica Jesús con el misionero y con el discípulo?
  • ¿Cuál es la recompensa que espera a quienes acojan a los mensajeros del evangelio?
  • Leemos la hoja “Para profundizar más”.

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? 

(No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.)

  1. Jesús dice: “Quien ama a su padre y a su madre más que a mí no es digno de mí”. ¿Cómo entendemos esta afirmación?
  2. ¿Somos capaces de asumir las condiciones que pone Jesús para ser su discípulo(a)? ¿Qué nos falta?
  3. ¿Qué misión debemos desarrollar como discípulos de Jesús?
  4. ¿Hemos tenido la experiencia de recibir a un(a) misionero(a), a un enviado de Dios? ¿Cómo nos hemos sentido?
  5. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?

 Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. A cada oración respondemos:

“El que pierda su vida por mí, la encontrará”

5. Nos comprometemos con el Reino de Dios y su justicia para transformar la realidad.

Compromiso: Piensa  en un gesto concreto de solidaridad para realizar esta semana.

Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final.

 Hermano Jesús, sabemos que los valores del Reino no son aceptados por toda la gente. Ayúdanos a ponerte en el centro de nuestra vida, a ser solidarios(as), a trabajar por la justicia, a buscar la paz, a construir fraternidad y así alimentar con nuestras palabras y actitudes, el fuego de tu misión. Enséñanos a superar la división de nuestro propio corazón, que a veces toma otro camino y se aleja de ti. AMÉN.

Padre Nuestro, que estás en el cielo… 

 


PARA PROFUNDIZAR MÁS EN MATEO 10, 37-42        

  1. Contexto. En el Discurso de la Misión (10,1-42), el evangelista reúne frases y recomendaciones de Jesús para iluminar la situación difícil en la que se encuentran los judíos-cristianos hacia la segunda mitad del primer siglo. Quiere animarlos a no desistir, a pesar de las muchas y graves dificultades que encuentran en anunciar la Buena Noticia a los hermanos de su misma raza. Es precisamente en este período, los años 80, cuando los judíos se están recuperando del desastre de la destrucción de Jerusalén, sucedida en el año 70, y comienzan a reorganizarse en la región de Siria y Galilea. Crece la tensión entre la “Sinagoga” y la “Iglesia”. Esta tensión, fuente de muchos sufrimientos y persecuciones, sirve de fondo al Discurso de la Misión.
  1. El amor a Jesús debe superar al amor a los padres y a los hijos (10,37). “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”. Con estas sorprendentes palabras Jesús pone de manifiesto que ser discípulo supone una singular relación de predilección y opción por él. El vínculo familiar, que Jesús reconoce como natural y elevado, no es comparable con el amor y la opción libre por Jesús, base del seguimiento como discípulos suyos. Pero hay algo que es común en ambos casos: el amor. Amor a los suyos, pero amor también -y de modo exigente- al Señor. El discípulo no recibe del maestro principalmente una doctrina, sino una misión, un sentido que dar a su vida. Por esa razón se antepone a otros vínculos que no son negados, sino supeditados, o, mejor dicho, configurados de manera nueva por la fidelidad a Jesucristo y a su misión.
  1. La cruz forma parte del seguimiento de Jesús (10, 38). Jesús dice: “Quien no toma su cruz…” En aquel tiempo, la cruz era la pena de muerte que el Imperio romano daba a los bandidos y a los maleantes. Tomar la cruz y llevarla tras Jesús era lo mismo que aceptar ser marginados por el injusto Imperio. La cruz de Jesús es la consecuencia del compromiso libremente asumido de revelar la Buena Noticia de que Dios es Padre y que todas las personas deben ser aceptadas y tratadas como hermanos y hermanas. Por causa de este anuncio revolucionario, Jesús fue perseguido y no temió dar su vida. No hay prueba de amor más grande que dar la vida por el propio hermano.
  1. Saber perder la vida para poder poseerla (10,39). Este modo de hablar era muy común entre los primeros cristianos, porque expresaba lo que ellos estaban viviendo. Los cristianos, por ser tales, eran perseguidos. Pablo dice: “Estoy crucificado con Cristo”. “Quiero experimentar su cruz y su muerte, para poder también experimentar su resurrección”. “Estoy crucificado para el mundo y el mundo para mí”. Es la paradoja del Evangelio: Lo último es lo primero, quien pierde vence, quien todo lo da todo conserva, quien muere vive. Gana la vida quien tiene el coraje de perderla. Es una lógica muy distinta de la lógica del sistema neoliberal que hoy gobierna al mundo.
  1. Jesús se identifica con el misionero(a) y con el discípulo(a) (10, 41-42). Para el misionero y para el discípulo es muy importante saber que no quedará solo. Los enemigos, movidos por el odio a la persona de Cristo, perseguirán a los misioneros por causa de su fe y su testimonio cristiano. Es necesario mantenerse firme hasta el final. Siendo fiel a su misión tendrá la certeza de que Jesús se identifica con él. Y así como Jesús reflejaba en Él el rostro del Padre, así el discípulo debe o debería ser espejo donde la gente pueda ver algo del amor de Jesús. Esta fidelidad será también la garantía de salvación.
  1. El mínimo gesto a favor de los pequeños revela la presencia del Padre (10,42). Para cambiar el mundo y la convivencia humana no bastan las decisiones políticas de los grandes, ni siquiera las instrucciones de los Concilios y de los obispos. Es necesario un cambio en la vida de las personas, en las relaciones interpersonales y comunitarias, de otra forma no cambiará nada. Por esto Jesús da importancia a los pequeños gestos en el compartir: ¡un vaso de agua dada a un pobre!