En la Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus, el Papa Francisco define la Misericordia como el «acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro»[1]. Efectivamente «en la plenitud del tiempo (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor.»[2]

Esta forma de cómo Dios viene a nuestro encuentro revela «un corazón (cor) lleno de amor que se hace cercano a cuantos están en necesidad, a los últimos, los descartados, los miseri.» Revela «un amor fiel, que nunca se rinde, no obstante la infidelidad del hombre. Es un amor tierno, rico de emoción, como el de una madre[3]

Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo esperan una palabra de consolación, de cercanía, de perdón y de alegría verdadera. Como Hijas del Inmaculado Corazón de María nos sabemos llamadas a llevar a todos el abrazo de Dios, que se inclina con ternura de madre hacia todos sus hijos.

Así, nos lo ha recordado el Papa Francisco en el Discurso dirigido a los participantes de un encuentro organizado por la Conferencia Italiana de Institutos Seculares: «En virtud del amor de Dios que habéis encontrado y conocido, sois capaces de cercanía y ternura. De este modo sois tan cercanos que tocáis al otro, sus heridas y expectativas, sus preguntas y necesidades, con esa ternura que es expresión de un cuidado que elimina toda distancia. Como el Samaritano que pasó a su lado, vio y tuvo compasión. Es este el movimiento al que os compromete vuestra vocación: pasar junto a todo hombre y haceros cercanos a cada persona que encontráis; porque vuestro permanecer en el mundo no es sencillamente una condición sociológica, sino una realidad teologal que os llama a estar consciente, atento, que sabe distinguir, ver y tocar la carne del hermano..»[4]

Nuestro don vocacional cordimariano-claretiano es una respuesta del Espíritu a las inquietudes de la Iglesia y a las necesidades de nuestro mundo. El aporte que una Hija del Inmaculado Corazón de María ha de hacer, en esta ingente tarea de la Evangelización, no es otra que el de ser fiel a su propia vocación, esto es, prolongar la maternidad espiritual de nuestra Señora…

. con ojos abiertos para ver la realidad, y no de cualquier manera, sino

. con un corazón sensible, capaz de compasión, que nos impulse

. con mano pronta a amar de modo concreto y efectivo a nuestros hermanos[5].

 

Fanny Fernandes

Responsable General de Formación – Filiación Cordimariana

………………………………………………………………..

[1] Misericordiae Vultus nº1.

[2] Misericordiae Vultus nº2.

[3] “A Misericórdia. Lugar e modo”, António Couto, Abril 2016.

[4] Papa Francisco, audiencia en la Sala del Consistorio el 10 de mayo de 2014.

[5] “Anunciar el evangelio en el mundo actual”, Filiación Cordimariana, X Asamblea General, Julio 2015.