• PALABRA DE DIOS: Mateo 28, 16 – 20 Ascensión del Señor

       “Misioner@s del Resucitado”

Conciso texto que contiene, entre otros temas, el de la misión universal de la Comunidad de seguidores de Jesús, el ahora Resucitado que los hace testigos anunciadores de su mensaje salvador.

El envío se inicia en Galilea, lugar de encuentro avisado por las mujeres que ya habían adorado al Resucitado (vers. 10), allí les comunica sus últimas palabras. Pero también Galilea traslada a los discípulos a un tiempo fundamental de sus vidas, aquél donde conocieron al Maestro al ser llamados a caminar por esas tierras de paganos, donde lo vieron proclamar el proyecto de Dios, presenciaron sus gestos amorosos con los pobres y enfermos, se admiraron del enfrentamiento que tuvo con las autoridades religiosas de Israel, escucharon su nueva manera de enseñar con parábolas, aprendieron a orar a Dios, a valorar la vida discriminada como la de los niños y mujeres, a perdonar y amar más allá de sus caprichos e intereses…en realidad fue un tiempo de escuela de discipulado, una experiencia que será la memoria más cierta y la fuente más clara para volver en cada compromiso misionero, en cada duda y riesgo, anuncio y entrega.

Es cierto que esta “memoria” necesita de la experiencia de la resurrección en lo más personal, desde esta Pascua se es testigo del que nos devolvió la vida nueva. No somos testigos misioneros de un pasado, sino de un acontecimiento revelador de inmensa bondad y vida plena que no se puede contener. Los once (y las futuras comunidades) serán, en adelante, testigos del Resucitado.

Dicen que quien no ha sufrido no sabe comprender o aliviar el dolor de los demás, quien no ha pecado no sabe de conversión ni de cambio de vida en libertad y paz. Lo mismo pasa con la fe en la resurrección de Jesús. Much@s recibimos la fe por tradición familiar o eclesial y nos acostumbramos hasta rutinariamente a vivir de estos primeros pasos o datos, sin buscar en todo momento o etapa de la vida encontrarnos con Jesús. Quizás por ello creemos en un Dios aprehendido sin haberlo sentido y nuestro compromiso no tiene el alcance necesario en cada circunstancia y realidad. También puede suceder a nivel de Iglesia y explicar así su lentitud en los cambios, su instalación y sus incoherencias al margen de la historia.

Las nuevas generaciones no recibieron tal legado, quizás no sea tan problemático comunicar (proponer) a Jesús Resucitado e invitar a caminar por Galilea para ser discípul@s. Lindo desafío para hacerlo con creatividad y convicción.

            En la línea de la propuesta del Papa Francisco, nuestras comunidades tienen una misión que es universal, que abarca geografías tan lejanas como realidades tan profundas de la existencia humana. Es importante comprender que para tal compromiso necesitamos renovarnos, aceptar al diferente y aprender del mismo, acompañar las problemáticas sociales para transformar la realidad, cambiar nuestras celebraciones litúrgicas, aportar a la sociedad desde una participación humilde sin creernos dueños del mundo. Construimos con otr@s el Reinado de Dios que es más que la Iglesia.

La promesa del Dios con nosotros (Mateo 1, 23) que se repite al final del texto puede quitarnos los miedos y sacarnos de la comodidad para ser fieles testigos de Quien nos amó primero y nos invitó a anunciarlo con pasión y total generosidad.

Mario Bússolo CMF

Argentina