Cartas Vocacionales – Marzo, 2018

 “…Las Misioneras Cordimarianas tenemos una experiencia de Dios como Padre configurándonos con Cristo Ungido y Enviado a salvar a la humanidad dentro de una Comunidad Misionera al estilo de los Apóstoles…”

“…Como María, acogemos en el corazón con prontitud y docilidad incondicional la Palabra en una actitud de escucha y aceptación para compartirla y celebrarla…” (Constituciones MCM, 5)

Estos dos párrafos de nuestras constituciones expresan parte de nuestro carisma y desde los primeros años de formación hasta el día de hoy confirman mi vocación en este estilo de vida. Un llamado que me hizo poner de pie para realizar la misión encomendada luego de muchas resistencias como las de Jonás. Un llamado que es motivo de alegría y fiesta a causa del abrazo misericordioso del Padre que no se cansa de amar al hijo/a que vuelve a su encuentro.

La parábola del Padre Misericordioso (Lc 15, 1-3. 11-32) nos quiere mostrarnos, una vez más, el Amor que Dios nos tiene. En el camino de la Iglesia, y ante los continuos cambios que se presentan en lo social, político, cultural y eclesial, nos sentimos invitados/as durante este tiempo de cuaresma a escuchar una y otra vez esta parábola a la cual, estoy segura, puede llamársele “el corazón del evangelio”. En ella Jesús nos ayuda a reconocer el corazón de un Padre que nunca deja de sorprendernos porque supera toda lógica humana respecto a lo que nosotros consideramos justo. Profundizando el texto desde la realidad de los jóvenes, la luz de esta Palabra interpela nuestra vida y papel dentro de la Iglesia. Seguramente tú y yo habremos dicho y escuchado muchas veces que la juventud de hoy no es como la de otras generaciones, que hoy los/as jóvenes sobreviven en el día a día, que han perdido el sentido de la vida y gran parte de sus valores, etc.

Durante el tiempo en que mis superioras me han pedido colaborar en la pastoral vocacional, he tenido la oportunidad de convivir y compartir con hombres y mujeres que a corta edad les han asumido responsabilidades propias de sus padres. Jóvenes que por situaciones económicas u otras han tenido que cuidar de los más pequeños de la familia o algunos que han recibido todo sin esfuerzo y otros que han sido víctimas del abandono o han crecido entre personas que les han robado la alegría, su inocencia y esto les ha llevado a buscar salida en puertas falsas.

Ante esta realidad, ante la aparente actitud negativa de los jóvenes, tanto por parte de la sociedad como de nuestros institutos religiosos… ¿Será que a veces  veo o vemos a la juventud en el papel del hijo menor que, exige su herencia para malgastarla y  tú y yo tomamos el papel del hijo mayor, pensando que por quedarnos cumpliendo y asumiendo los trabajos de la casa del “padre” nos hemos “ganado” lo que al hijo menor ya no le pertenece? ¿Nos enoja acaso tanto amor de parte del padre para con aquellos que a los ojos humanos están perdidos y no tienen derecho a volver a casa y expresar su arrepentimiento? Situándonos en el papel del hijo menor, de los jóvenes… ¿Cuál sería nuestra actitud al volver a casa? ¿Qué haríamos si en esta cuaresma descubriéramos que hemos despilfarrado también los bienes que se nos han dado en herencia?

Pidamos a Dios, Padre-Madre, que en este tiempo de gracia y de conversión podamos descubrir, reconocer y aceptar ese amor incondicional, que teniendo todo de Él, muchas veces no sabemos disfrutarlo,  que descubramos las tantas veces que nos hemos quedado en nuestras propias galaxias y no vemos más allá de las comodidades que nos impiden   acercarnos a los jóvenes y compartir  tiempo de calidad con ellos/as.

Que el sentirnos amados/as por nuestro Padre del cielo, que siempre nos espera con los brazos abiertos como al hijo menor y que nos quiere hacer participar de la fiesta como al hijo mayor, nos siga alentando y que podamos llegar a la fiesta de la Pascua que el Padre nos tiene preparada.

Hna. Aquilina José José MCM

Pastoral Vocacional. México.