“Hoy en día, los jóvenes son difíciles, ellos no escuchan, ellos…” es una queja bastante frecuente entre nosotros, padres y agentes de pastoral. Deseo reflexionar en la misma perspectiva de nuestro XXV Documento Capitular que nos llama a implementar una “conversión pastoral y misionera que no deje las cosas tal cual están, que sea capaz de transformar todas las cosas y convertirlo en cauce adecuado de evangelización” (MS 32).

El “lenguaje del amor” como un medio para la pastoral de los jóvenes es verdaderamente indispensable ya que el amor atrae al otro/a. Impulsados por el amor, debemos buscar modos creativos y eficaces de llegar al otro/a; en este caso, a los jóvenes. Hay varios modos de hacerlo pero mi pequeña experiencia de compromiso con la pastoral de jóvenes y vocaciones, me permite ofrecer algunas sugerencias.

En primer lugar, el trabajar con jóvenes comporta alegría y novedad de vida. S. Juan Pablo II dice: “A menudo me he sentido profundamente conmovido por el gozoso y espontáneo amor de los jóvenes por Dios y la Iglesia” (Carta del Papa Juan Pablo II al Cardenal Eduardo Francisco Pironio, el 8 de mayo de 1996). Por tanto, apreciar la presencia de los jóvenes nos ayudaría a mantener un estrecho contacto con ellos. Dado que ellos asumirán nuestro relevo, tenemos la obligación no sólo de buscar formas de incorporarlos en las actividades de la iglesia sino también de escuchar su versión de las cosas. A esto se refiere el sabio consejo de S. Benito a los abades de consultar, incluso al más joven antes de cualquier decisión importante porque “a menudo el Señor revela al más joven lo que es mejor” (Regla de San Benito, III, 3; cf. 1Jn 2,13-14).

Aprender a relacionarse con los jóvenes por medio de símbolos significativos es otra estrategia. “Ustedes necesitan leche, [y] no alimento sólido” (cf. Hb 5,12) es una indicación clara que cada etapa del servicio pastoral necesita sus métodos creativos y símbolos elocuentes del Reino que son claros para su establecimiento. Hoy en día, los jóvenes han desarrollado su modo de comunicación que a menudo está marcado por una jerga y abreviaturas que crean matices o incluso nuevos significados, ajenos a la comprensión del lenguaje común. Si de veras los amásemos, podríamos aprender ese tipo de lenguaje para que también nosotros podamos profundizar en su mundo, ver las cosas desde su perspectiva y ayudarlos a través de símbolos inteligibles. Es la lección de la Encarnación. Dios tuvo que vivir con seres humanos, hablar como ellos, comer lo que ellos comen, ser como ellos son, etc. el enfoque y la actitud de los/as maestros/as de jardín de infantes puede servirnos de guía: ponerse a la misma altura para salvar.

Desarrollar los medios que sean verdaderamente capaces de transformar todo en un canal de evangelización ayudaría a la pastoral de jóvenes. Los modernos medios de comunicación, cuando son usados responsable y conscientemente, nos brindan mucho en este campo. En mi opinión, todos los grupo de jóvenes en nuestros lugares han pasado del lenguaje común a su propio lenguaje, un idioma que nosotros no deberíamos condenar sino aprender y usar como un medio para ofrecer la fe que recibimos. El lenguaje es seguramente una herramienta dinámica y cada generación está por tanto llamada a tener sus métodos y símbolos elocuentes del Reino que lleve adelante una verdadera conversión pastoral y misionera, capaz de crear testigos –sea a través del derramamiento de la sangre o no.

Finalmente, “debemos vivir la fe con un corazón joven, siempre: un corazón joven; incluso a los setenta u ochenta años de edad” (Papa Francisco, Homilía del Domingo de Ramos, 24 de marzo de 2013, número 3).

Este mes somos bendecidos con la beatificación de 109 mártires claretianos. Al respecto, hay algo que me llama poderosamente la atención. ¿Cómo fueron sus maestros capaces de transmitirles la fe, de modo que estos mártires estuvieran dispuestos a morir antes que renegar de ella? Los formadores de los 109 claretianos mártires han de ser apreciados por entregar la fe que los condujo al martirio del modo apropiado.

Sólo cuando nos volvemos humildes somos capaces de ver el mundo y transmitir el Evangelio en el lenguaje de nuestros interlocutores, de formular parábolas desde situaciones cotidianas, como Jesús, que comuniquen un punto en modo digno de admiración y sin complicaciones. Esto nos tomará tiempo y esfuerzo transformándonos en pastores con el olor de nuestras ovejas.

Amos Moses Onyait CMF

Delegación de S. Carlos Lwanga