“Perder no es perderse”

            El final del mensaje misionero a los recién elegidos discípulos tiene una propuesta de vida que pareciera ajena a una mentalidad habituada a la aceptación de la realidad sin peros… ni ¿por qué?, a un pensamiento o comportamiento que no cuestiona ni arriesga, ya acostumbrado a absorber en todas partes y todo el tiempo imágenes que les son dadas como verdades que sabemos son falsas, son mentiras. Por ejemplo: “hay que ser bonit@ para ser feliz”, “hay que tener poder para ganar”, “hay que mostrarse fuerte para no ser derribado”, “no hay que dar ni darse para no perder”. Casi atontados por mensajes que atrofian la mente y la vida toda. Los sujetos manipuladores de nuestras mentes son los poderosos de este mundo.

Está incorporado en nosotros el deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, estas no son sino manifestaciones de la ambición. Por ejemplo en tiempos electorales las alianzas y creación de nuevos partidos políticos es frecuente, signos de que nadie quiere quedar fuera. Tales conductas, animadas y patrocinadas por los poderosos, se constituyen en ideales de vida. Esto es el peor obstáculo de nuestra mente, y liberarse de ello sólo se logra en una cultura del encuentro donde los pobres y excluidos sean los más privilegiados de nuestro cariño y tiempo.

            Es que Jesús, por su propuesta de vida digna donde habita la justicia y la paz en el corazón de cada persona y de los pueblos, tuvo encontronazos y rechazo de los poderosos. Él cuestionó sus intereses egoístas, sus ambiciones de riqueza y bienestar, ¿no es lógico que dicho compromiso con los afectados por los sedientos de poder y riqueza tuviera consecuencias como las conocidas? Por eso decimos que Jesús fue signo de contradicción,  molesto y causante de  enojos descontrolados.

            ¿Por qué nos llama la atención, entonces, las personas que cuestionan o se oponen a sistemas que predican esas “verdades” falsas? ¿Por qué nos distanciamos de ellas cuando más nos necesitan? ¿Cómo es nuestro compromiso en estos casos?

            Todo compromiso derivado del Evangelio predicado por Jesús, si es fiel y coherente en el tiempo, tendrá estos conflictos entendidos como “cruz” (incomprensiones – rechazos – maltratos – cuestionamientos – muerte). Ingenuidad la de aquellos que creen en un Jesús que predica la salvación individual, ajena al cuerpo y a los problemas sociales causados por necesidades e injusticias.  Jesús no plantea una autodestrucción de la propia persona, sí una negación de lo que en nosotros atrofia la vida que merece dignidad y felicidad plena y eterna, lo que en nosotros nos encierra y empobrece en el horizonte del encuentro con los demás, particularmente con los sufridos de la tierra. ¿Te preguntaste el para qué de tu presencia en este mundo? ¿Cómo es necesario estar y aportar a la transformación de la realidad?

El camino del discipulado es el camino de la entrega personal, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del conflicto, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un incidente, es parte de este camino, el resultado de un compromiso libre. Porque en un mundo organizado en base a principios egoístas ¡el amor y el servicio sólo pueden existir crucificados! Quien hace de su vida un servicio a los demás, incomoda a los que viven aferrados a los privilegios, y sufre (reflexión de equipo bíblico)

            Admiro a los que, sin miedo, se entregan a la causa de la justicia y la paz, a los que generosamente ponen el cuerpo para detener todo modo de atropello y eliminación de la vida sufriente. Son los que despiertan la esperanza, hacen fuerte el caminar y animan a liberarse del molde social impuesto por los que dominan este mundo.

Mario Bussolo CMF