En los países industrializados donde la tecnología y la informática son soberanas se da una gran falta de vocaciones.  Fruto de una neblina de humo que no nos deja mirar más allá de nuestras vidas virtuales. Todos somos llamados por Dios a responder a la misión que nos encomienda en este mundo. Este es un mundo en el que muchos pueblos viven castigados por la violencia, por la falta de hogar, sin derechos, donde muchas veces sufren persecuciones por ser cristiano. (MS, 11)

Muchos jóvenes como yo sienten inquietudes vocacionales, pero muchas veces no se sienten con la fuerza necesaria, de decir sí a Dios. ¿Cómo puedo aclarar mis dudas y dar los primeros pasos en mi vocación?, ¿Cómo puedo decir sí a Dios?, ¿Cómo puedo dejar todo para seguir a Dios? Todas estas preguntas y muchas más me las he planteado antes de dar los primeros pasos en mi vocación misionera. Pero la respuesta que Dios me dio es muy sencilla.  “No tengas miedo, sal al encuentro del otro y encontrarás el Amor de Dios. Somos misioneros en movimiento y procuramos ser jóvenes con la alegría de evangelizar y abrazar al otro.

La palabra de Dios nos demuestra que tenemos que estar en “salida”.  Abraham aceptó la llamada a salir hacia una tierra nueva (Gn 12, 1-3). Moisés escuchó la llamada de Dios: “Ve, yo te envío” (Ex 3,10). A Jeremías le dijo: “Adondequiera que yo te envíe, irás” (Jr 1,7). Dios en estos pasajes bíblicos nos quiere mostrar su plan de vida para nosotros, pero la neblina de humo es tan grande que no sabemos ver su llamada. Dios nos provoca constantemente de diferentes maneras, a través de las personas que encontramos a diario, en la lectura asidua de la palabra de Dios, en la oración constante y sobretodo en la adoración al Santísimo. Nunca salimos indiferentes cuando experimentamos uno de estos métodos de aproximación a Dios. Dios es como una hoguera que está siempre allí, aunque no lo veas debido a la neblina de humo, y por las dificultades que surgen en muestras vidas, pero nos hace arder con su espíritu y conforta nuestra alma.

El Papa Francisco nos exhorta a no avergonzarnos de llevar nuestras flaquezas, cansancios y pecados, en el sacramento de la Reconciliación. Dios sabrá sorprendernos con su perdón y su paz. No debíamos tener miedo de decir “Si” con todo el entusiasmo del corazón y de responder generosamente al seguimiento.   Que no dejemos anestesiar nuestra alma, sino que apostemos por el amor hermoso, que exige siempre una renuncia y un “No” fuerte a la soberbia, al estupefaciente del éxito y a la droga de pensar en nosotros mismos y en la comodidad personal.

Por último, me gustaría mostrar con una simple imagen la llamada y la presencia de Dios. A través de las vidrieras de los Santos en las Catedrales, donde la luz del sol pasa por el medio de la imagen del Santo e ilumina el interior de la Catedral. Así tenemos que ser nosotros en nuestra vida dejar que la luz de Dios entre en nuestros corazones y llevar esa misma luz a los que están en la oscuridad.

ADÃO CHAVES, CMF

Portugal